El adivino

Un día llegó al pueblo un adivino. El adivino no tenía dinero y pedía comida a cambio de leer el futuro. En pocos días, muchos eran los que iban de vez en cuando a dar comida al adivino a cambio la buena ventura. Curiosamente el futuro les deparaba repleto de éxitos, fortuna y gloria a aquellos que más asiduamente le traían comida, cosa que hacía que algunos le trajeran no sólo comida sino también dinero. En poco tiempo, se pudo permitir una casa y cada vez fue más ostentosa. Pese a los ostentosos regalos, el adivino continuaba con sus pertrechos del mismo día que había llegado al pueblo. En sus inmediaciones fueron apareciendo algunos ídolos y tótems, y la gente empezó a oír nombres de nuevos dioses en las oraciones y predicciones del adivino. Pero, algunos hombres del pueblo, descontentos con su fama inmerecida y recelosos de la veracidad de sus promesas y de sus nuevos dioses, amparados por la noche, decidieron raptar al adivino para echarlo lejos del pueblo. Sigue leyendo

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¿Ejecutores de la paz?

¿Ejecutores de la paz? (Documental)

Ian Bennett, estudiante de Filosofía en la Universidad de California, participando en un debate estudiantil en 2011:

   Nuestra especie apareció en un ecosistema lleno de depredadores y escasez en donde normalmente solo sobrevivía aquel quien era el más manipulador, violento y egoísta. El ambiente “nos obligó” a ser así y no hemos cambiado prácticamente nada desde entonces. Lo único que hemos hecho es “camuflar” nuestra “naturaleza malvada” llamando a esas conductas violentas de otra forma o “dulcificándolas” un poco.

   ¿Qué es en realidad lo que llamamos competición deportiva o competición laboral o en cualquier otro ámbito? ¿Qué es en realidad la mentira en la mayoría de los casos? ¿Qué son las críticas destructivas, la envidia y los celos entre otras cosas? Son violencia “dulcificada”. Por eso, yo pienso que en realidad vivimos todavía en un estado de guerra. Una guerra “dulcificada” pero una guerra al fin y al cabo.

   El no estar nosotros como en las dos guerras mundiales o como están ahora en Siria y otros lugares matándose de forma literal entre sí, no significa que no estemos en guerra. La guerra de la mayoría de los países denominados del primer mundo se traslada al ámbito de las relaciones en sociedad. El “postureo” de las redes sociales; el que presume y se jacta de ser rico o ser jefe o el más popular, querido y/o temido u odiado de un determinado círculo social; aquel o aquella que consigue seducir a la chica o al chico atractivo de la fiesta; aquellos que critican al otro… Todo eso es violencia. Es estar en una continua guerra.

 

Evelyn Long, catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad de California:

   Sí, ellos eran normalmente los que iniciaban los debates en clase. Muchas veces, tenía que pararles porque revolucionaban a todos sus compañeros y eso hacía que el ritmo del temario que tenía que darse se ralentizara bastante.

   Eran muy inquietos y siempre estaban preguntando cosas. Recuerdo que discutimos mucho a cerca de la ética kantiana y del existencialismo de Sartre. Siempre salían con nuevos puntos de vista y casi siempre llegaban a relacionarlo todo con el comportamiento de los chimpancés y los bonobos. Eso para ellos era la clave para saber o entender el por qué el ser humano actúa como actúa. Yo no estaba de acuerdo con ellos en algunas cosas, pero ellos se convencían cada vez más de sus teorías. Luego organizaron aquel movimiento. Aquello fue el principio de todo.

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El Lago de la Sombra

—¿Has preparado todas tus cosas? —preguntó la madre entrando en la habitación del niño.

—Te he dicho un millón de veces que no pienso ir, mamá —le replicó observándola desde la cama.

—Venga. No hagas más el tonto que tu abuelo está esperando en el pueblo. No se ha pasado todo el fin de semana recogiendo la casa y limpiando el huerto para que ahora tú no te presentes.

Como cada verano, Óscar abandonaba su hermosa ciudad, aquella que tanto apreciaba y quería, rodeada de vida y edificios en cualquiera de sus rincones, y de gente un tanto estúpida con la que no le importaba lidiar siempre y cuando tuviera cerca de sus manos la tecnología. En el último año, desde que sus padres le compraron un móvil nuevo, el chico apenas había salido de casa. Se dedicaba a recluirse cada tarde para jugar a distintos videojuegos y chatear. Esa era su rutina. Su madre, preocupada por la obsesión que su hijo tenía con aquellos aparatos y por su notable bajada de notas en el colegio, decidió que lo mejor para él sería pasar unas vacaciones alejado de todo lo que pudiera contener tecnología: el pueblo.

Durante el trayecto, unos diez kilómetros, apenas se dirigieron la palabra. Óscar pasó todo el tiempo que pudo con su móvil, ya que cuando se internasen en los límites de aquella villa a la que odiaba con todo su ser, dejaría de funcionar.

—Cariño, no tienes que preocuparte. Tan solo serán unas semanas —intentó tranquilizarle su madre, María.

—Unas semanas que parecerán años…

María le dedicó una mirada de preocupación a su hijo. Sabía que no estaba pasando por un buen momento desde que se había separado del padre del chico, pero era por el bien de los tres.

—El abuelo Félix tiene muchas ganas de verte. Ya sabes que está solo desde que… Bueno, la abuela decidió pasar a un lugar mejor —dijo sin tener muy claro si sus palabras habían sido las correctas—. Intenta hacerle compañía. Lo pasaréis bien.

—Si tú lo dices…

En cuestión de minutos, el coche color esmeralda de María estaba cruzando el cartel, prácticamente destrozado, que daba la bienvenida al pueblo. Junto a él, estaban las piscinas, sin duda alguna, lo más reconocido del lugar y lo que más gente atraía. Aunque las vistas empeoraban según el coche avanzaba: las calles estaban totalmente desiertas y vacías, con suerte veías a alguna que otra persona mayor paseando con su bastón y su perro, además eran estrechas y con una gran cantidad de baches a lo largo de su recorrido.

Todo aquello tan solo deprimía a Óscar más aún. Deseaba estar en su casa y alejarse de aquel horripilante lugar, parecía sacado de una película de los años treinta. Aunque aquello tan solo acababa de comenzar. El coche aparcó en una pequeña plazuela situada junto al campanario de la iglesia, donde dos cigüeñas construían sus nidos en lo alto de una de las torres que la decoraban.

Cuando bajaron del vehículo, el muchacho dio un portazo tan fuerte que su madre le miró con cara de asesina. Jamás pensó que podía encontrar tanto odio en unos ojos tan bonitos y cristalinos como los suyos. Sigue leyendo

Trascendencia

El doctor Fiber estaba recibiendo por parte del entrevistador una explicación a modo de resumen sobre el proceder de su entrevista.

—Antes vendrá un poco de teoría para situar al espectador. Cuatro imágenes bonitas de su archivo particular con cifras e infografías para la gente de encefalograma plano —Ambos rieron un poco, el doctor quizás más forzado—. Tenga en cuenta que todo esto va a ser editado, por lo que no hay razón para estar nervioso. Después ya es cuestión de intercalar las preguntas relevantes con imágenes genéricas del universo para dar consistencia. Parece una tontería, pero en una entrevista científica, si no les pones imágenes bonitas en medio, el 60% cambia de canal. ¿Preparado?

El cámara marcó la cuenta atrás con sus dedos. El doctor se secó el sudor de la frente y el entrevistador se aclaró la voz. Tres, dos, uno e hizo una seña.

—El doctor Fiber es poco conocido en la comunidad científica, pero hoy nos mostrará los resultados de su investigación. ¿Cómo se definiría a sí mismo doctor?

—Me considero un naturalista, en el sentido más clásico del concepto. Me siento alguien que quiere hacer una aportación a la ciencia del mismo modo que los grandes científicos lo hicieron en sus inicios. De ningún modo me estoy comparando con ellos, simplemente digo que cualquiera que tenga ganas e inquietud puede aportar algo a la comunidad científica. Sigue leyendo

Camino a un destino glorioso

—¿Puede volver a decirme el nombre de esa bestia? —preguntó, ya que a pesar de sus innumerables viajes jamás había escuchado tal nombre.

—Brraskilor —respondió el guerrero montado en la parte trasera del carruaje— una extraña criatura de tiempos muy anteriores a los nuestros, tiempos que si no hubiesen sido guardados en los Volúmenes de las bestias de Qüar jamás sabría a qué me voy a enfrentar incluso aunque lo viese con mis propios ojos.

—¿Qüar? —preguntó todavía más extrañado y anonadado— ése reino desapareció hace más de 600 años por no decir de que está a más de tres meses de viaje a caballo.

—¡Vaya! Es usted mucho más sabio que la gente del lugar, normalmente la gente de Renavé se centra sólo en trabajar, beber y follarse a una ramera sin pagar mucho —Verrick sacó su espada y se puso a limpiarla con un paño que estaba cubierto de un líquido de color amarillo, mientras se reía pensando en lo que iba a decir a continuación— haciendo que la única cultura que tengan sea la de si un tomate está sano o si una moneda de latón no es de madera. Sigue leyendo

El Mensajero

El caballo cabalgaba con velocidad, haciendo rebotar con rítmica cadencia el zurrón de cuero en el costado de Gonzalo. El viento gélido de Diciembre le azotaba el rostro, haciendo salir lágrimas de sus ojos, que se secaba con el puño de la casaca blanca del Regimiento de Voluntarios de Castilla. La lluvia calaba su capote, empapándole la espalda y chorreando por la caña ya colmada de sus botas de montar, helándole hasta el mismo tuétano de los huesos. Pero no había un solo segundo que perder. Las palabras de su capitán resonaban con un eco de urgencia en su memoria: “Gonzalo, es cuestión de vida o muerte. Debes hacer llegar el mensaje de socorro a la Junta Central de Sevilla. Toda la guerra depende de tu mensaje. No puedes perder ni un segundo”.

El día veintiuno el ejército de Lannes había rodeado Zaragoza, y había ocupado las zapas que ya se habían excavado en el verano, cuando los franceses intentaron el sitio por primera vez. Pero en el interior los defensores prácticamente igualaban a los atacantes, y el general Palafox ofrecía con su propia presencia la promesa de una victoria segura. La resistencia de la ciudad estaba garantizada, pero Napoleón en persona se encaminaba ahora hacia Andalucía, el último reducto de resistencia, y era necesario dar aviso de que ninguna tropa podría acudir en ayuda desde el frente del norte. Con el ejército español deshecho en Somosierra y Uclés, la resistencia en Sevilla parecía la última alternativa. Sigue leyendo

Corazón de Arkham – Capítulo 6. Dylan

En el silencioso camino de vuelta a casa, tuve tiempo de reflexionar en mi sueño inducido. No acerca de nuestros próximos pasos, cosa que ya tenía clara, sino de la representativa figura de mi viejo compañero a lo largo de mi vida. Antes de conocerle, de hacernos amigos o de casi morir por sus impulsos; mis peculiaridades estaban a un nivel mucho más molesto y excéntrico que ahora. Dylan ha sido siempre un amigo cuando se le necesita, pero su gran aportación, es que cuando realmente me hace falta, sabe dejar de ser un amigo y convertirse en mi conciencia, mi humanidad. Las líneas morales y sociales siempre han sido realmente difusas para mí, él sabía aclararlas cuando era preciso, normalmente a modo de freno a mis intenciones, él me enseñó los límites. Todo cuanto sé por mi cuenta, lo aprendí porque creí que era vital, obviando términos y actitudes mucho más básicas y esenciales, pero Dylan siempre ha hecho lo posible por enseñarme a vivir siendo persona. A él le debo gran parte de lo que ahora valoro, incluso Trish, él me la presentó, y él me hizo soportable a sus ojos. Y sin embargo, allí estaba yo, mi conciencia ya no murmullaba nada, y estaba a punto de poner en juego la vida de mi mejor amigo por resolver un rompecabezas que iba más allá de mis conocimientos. Sigue leyendo