Baphomet

Para Aleister Crowley

En el fondo de mi mismo soy una mujer, lo sé y lo saben las pocas mujeres con las que he estado y por las que he tenido que pagar. No es que me desagraden del todo, admiro la hermosura de sus cuerpos redondeados, la tersura de su piel y esa especie de luminosidad que poseen cuando están felices, pero no me despiertan (ni yo a ellas) ningún tipo de curiosidad. Para empezar, cuando ven mi micropene se decepcionan, y cuando comenzamos a charlar y perciben mi sensibilidad se les despierta el instinto maternal y quieren ser mis amigas, no mis amantes.

Yo, por otro lado, tampoco me siento atraído por una mujer dominante y masculinizada, siento que son una farsa y que pierden su esencia femenina y sutil, esa que las hace mágicas y poderosas. Pero no puedo evitar observar a los hombres, esos de grandes cuerpos viriles y mentes despiadadas que me subyugan y me llaman a rendirme ante ellos. Los que parecen leones tras la caza de su presa, los infames, los inteligentes,  los patanes. No he tenido aún un encuentro íntimo con alguno pues temo inmensamente el rechazo, pero conocí a un hombre al que le dicen el Maestro Oscuro y temo y ansío al mismo tiempo su contacto. Sigue leyendo

Anuncios

El sótano de las ánimas

Había sido un día muy agotador para Elisa. Nada más llegar a casa, se tumbó en el chaise-longue del estudio. Aún tenía mucho que organizar, pues hacía poco que heredó la vivienda de su tío. Sin embargo, allí se sintió cómoda y enseguida un profundo sopor se apoderó de ella.

Estaba cansada de las advertencias de la gente del pueblo. Según decían, la propiedad que por tantos años anheló habitar estaba maldita. Hacía oídos sordos sin más; no pensaba caer víctima de un juego de niños.

Mientras dormía, veía como si ella misma recorriera, a cámara rápida, el puente cercano a la casa y las distintas habitaciones de la vivienda hasta llegar al sótano. Polvo, mugre, cucarachas correteando y arañas tejiendo velozmente eran partícipes del escenario.

Sigue leyendo

El destierro

Desterrados pero no derrotados, los dioses primigenios esperamos. En un letargo autoimpuesto, aguardamos el regreso de nuestra hegemonía. Desamparados, perdimos nuestra libertad y poder en la gran guerra contra los dioses arquetípicos. Con el tiempo, supe de dioses que habían conseguido recuperar sus terribles cultos y esparcían orgullosos sus retorcidas simientes a través de los planos, tejiendo una red de influencia hasta los límites estelares de su confinamiento. Su intención: asegurarse una posición más elevada a la que tuvieron antaño en tiempos de guerra. ¡Estúpidos! Sus simples victorias sobre algunas razas les habían cegado, pues no eran conscientes de que no somos ni la sombra de lo que fuimos y locos algunos, tenían fe en la venganza.

Mi destino y penitencia fue el mismo templo que albergaba mi poder, ubicado en un planeta arrasado y esterilizado de cualquier forma de vida por los dioses vencedores. En tanto que soy infinito, también lo puede ser mi paciencia, como demuestran los milenios que pasaron antes de que un simple ser entrara en mis dominios. Cuando noté su presencia, inmediatamente me apoderé de él, pues infinita también puede ser mi ansia. No tengo constancia de qué ser era pues rápida le llegó la muerte al atraparlo con mis invisibles manos, devorándole cuerpo y alma, sin dejar restos de recuerdo ni existencia. Largo tiempo pasó hasta que no entró otro ser a mi templo hecho ruinas. ¿En qué me había convertido? Mi temple antes honorable, había sucumbido a la voracidad y eso me había costado mi regreso. Con el tiempo y totalmente consciente de mi actual situación, esperé con paciencia otro contacto. Sigue leyendo

Corazón de Arkham – Capítulo 5. A la desesperada

Crean —si se han creído lo narrado hasta ahora no tendrán reparo en ello—, cuando digo que lo que me pasó entonces, no recordaba haberlo vivido jamás en mi vida adulta, si pudieran, mis allegados se lo asegurarían jurando por lo que más quisieran, sin embargo, allí estaba yo, acongojado, encogido: Me quedé sin palabras.

Teníamos de frente lo que durante unos segundos tuve a bien considerar como un diablo. Un largo minuto fue lo que tardamos en reunir fuerzas para empezar siquiera a balbucear alguna palabra. Recuerdo, en la quietud que apresaba mis músculos, haber recurrido a la observación que tanto me caracterizaba. Aquel hombre, Alastor, esperaba pacientemente, completamente inmóvil a que nos recuperásemos para obtener su respuesta. Me fijé en sus expresiones faciales, quería ver hasta donde era todo esto un farol, algún atisbo de sadismo, un simple y primitivo odio, astucia, algo… Pero no había absolutamente nada oculto tras sus ojos. Por muy asustado o nervioso que estuviese, algo así no se me escaparía, para mí siempre ha sido fácil, pero no había expresión, ni si quiera pude calificarlo entonces de indiferencia, una vez más, nada. Sigue leyendo

20/07/69

La viuda de Neil Armstrong encuentra
artefactos del paseo lunar en un armario.

CNN 10/02/2015

En su dormitorio, espacio conyugal durante décadas, Carol Armstrong temió desfallecer ante las puertas de un armario ya solo suyo. ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde…? ¿Semanas, meses…? No estaba segura. A pesar del generoso y unánime apoyo recibido, todas sus certezas habían quedado difuminadas, luces en la lluvia, bajo un oscuro derrame de dolorosa soledad.

Neil Armstrong, primer hombre en pisar la Luna para el mundo y el amor de su vida para ella, había marchado de nuevo hacia las estrellas. Esta vez, para siempre. Su corazón, su enorme corazón, se había detenido incapaz de seguir el ritmo frenético e incansable de la vida. Qué desgracia. Para ambos. Sigue leyendo

Corazón de Arkham – Capítulo 4. Horror imperante

Pasé unos minutos, que me parecieron horas —culpa de la morfina—, recordando viejos tiempos de cuando Dylan y yo nos conocimos. Fueron unas circunstancias muy especiales, una escena del crimen, el cadáver de una mujer y un revólver humeante en mis manos —no fui yo, por supuesto, pero lo parecía—. Él hizo lo que cualquier policía que encontrara el cadáver de su mujer junto a su posible homicida, perder los nervios y apretar el gatillo. Cuando revisó el lugar, descubrió el cuerpo inconsciente del verdadero asesino de su mujer. Yo acababa de llegar a la ciudad y mi primer día de trabajo, en atrapé al tipo que asesinó a la esposa del hombre que casi me mata disparándome a un metro de distancia, así nos hicimos amigos. Me recuperé de la herida, pero el cirujano, sin mucha maestría me temo, dejó algunos fragmentos por extraer; para cuando lo hicieron el dolor ya era crónico. Sigue leyendo

El Bosque

No sé cómo relatar esto con coherencia, no me queda tiempo y a pesar de que ya no me aterra mi destino, no quiero dejar lo que me queda de humanidad sin tener la esperanza de que alguien más entienda que la humanidad no es la raza más poderosa del planeta, y que incluso los horrores que se ocultan en este planeta no se comparan con las ignominiosas criaturas desprovistas de compasión que habitan el universo. No estoy seguro de que esto llegue a alguien, las condiciones en las que me encuentro son deplorables y por azar del destino logré dar con mis provisiones, armándome de papel y un bolígrafo, procedo a escribir mi historia.

Sigue leyendo