Corazón de Arkham – Capítulo 4. Horror imperante

Pasé unos minutos, que me parecieron horas —culpa de la morfina—, recordando viejos tiempos de cuando Dylan y yo nos conocimos. Fueron unas circunstancias muy especiales, una escena del crimen, el cadáver de una mujer y un revólver humeante en mis manos —no fui yo, por supuesto, pero lo parecía—. Él hizo lo que cualquier policía que encontrara el cadáver de su mujer junto a su posible homicida, perder los nervios y apretar el gatillo. Cuando revisó el lugar, descubrió el cuerpo inconsciente del verdadero asesino de su mujer. Yo acababa de llegar a la ciudad y mi primer día de trabajo, en atrapé al tipo que asesinó a la esposa del hombre que casi me mata disparándome a un metro de distancia, así nos hicimos amigos. Me recuperé de la herida, pero el cirujano, sin mucha maestría me temo, dejó algunos fragmentos por extraer; para cuando lo hicieron el dolor ya era crónico. Sigue leyendo

El Bosque

No sé cómo relatar esto con coherencia, no me queda tiempo y a pesar de que ya no me aterra mi destino, no quiero dejar lo que me queda de humanidad sin tener la esperanza de que alguien más entienda que la humanidad no es la raza más poderosa del planeta, y que incluso los horrores que se ocultan en este planeta no se comparan con las ignominiosas criaturas desprovistas de compasión que habitan el universo. No estoy seguro de que esto llegue a alguien, las condiciones en las que me encuentro son deplorables y por azar del destino logré dar con mis provisiones, armándome de papel y un bolígrafo, procedo a escribir mi historia.

Sigue leyendo

Corazón de Arkham – Capítulo 3. La familia

El cerebro me funcionaba a toda velocidad, parecía que el tiempo se hubiese detenido. La sangre se resbalaba por el cabello mojado y rojo de Trish, era una imagen dantesca, y bella a su vez. Aunque a sus espaldas caían miles de gotas de lluvia, yo sólo escuchaba el goteo de su sangre contra el suelo; me fijé en su respiración, agitada por el cansancio pero no por el dolor, la sangre no era suya. Agudicé la vista, sus ojos verdes estaban decididos y furiosos, fijos en mí. Algo se le había escapado y por poco, mi siguiente paso lógico fue mirar su pantalón, arrugado por la izquierda, había echado mano de su revólver, fuera lo que fuera lo que se le había escapado, lo había disparado, pero no había acertado. La sangre estaba en su rostro, denotaba un disparo muy de cerca, Trish habría matado a lo que fuera si le había salpicado a la cara, así que la sangre era de un enfrentamiento más directo. Ya empezaba a reconstruir la escena, los detalles llegarían luego. Sin casi mediar palabras, cogimos nuestras cosas y corrimos al carro, hablaríamos de camino. Sigue leyendo

Corazón de Arkham – Capítulo 2. Conjeturas

A estas alturas ya podría usted pensar que el terror iba lenta pero inexorablemente haciéndome preso, no iría demasiado desencaminado. Yo no lo vi tan claro. Me gustaba mi trabajo, lo adoraba, era mi pasatiempo favorito, sobre todo en los casos difíciles y enrevesados, encontrar las piezas, unirlas, buscar explicaciones ridículamente verosímiles a todo cuanto acontecía, resolver el rompecabezas. En ese momento, yo estaba emocionado, entusiasmado de perseguir a alguien capaz de crear un efecto tan brutal y ficticio a una obra más que real. Puede parecerle poco humano, frío e incluso tenebroso, pero no se lo parecería si usted, hubiese vivido años en Arkham como yo, súmele comprensión, si su trabajo le empujase a tratar con lo peor de la gótica metrópolis. Es difícil entenderlo, pero yo disfrutaba mi trabajo, la tensión, lo “grotesco”, incluso a veces el miedo. Sería injusto decirles que lo hacía sólo por la justicia o para a hacer de mi hogar un lugar mejor, como también lo sería decir que mi trabajo podía influir en ello. Se me daba realmente bien, y con el caso de hoy aquí, sentía un punto de cúspide en mi carrera. No se hace una idea de cuan ciego estaba… Sigue leyendo

Corazón de Arkham – Capítulo 1. El horror al otro lado del río

PRÓLOGO

 Pido al lector, que tenga bien tomada la decisión de leer hasta el final las revelaciones que aquí recojo, del modo más ordenado y verosímil que me deja mi pobre estado. Tenga en cuenta pues, que aunque agradezco mucho su intento, es más que necesario que como yo hice en su momento, llegue hasta el final, y no tenga reparo en tildarme luego de loco, sociópata o lo que se le ocurra, mas que su valoración sea tras leer el punto y final y no antes.

Sirva también esta última nota de despedida, pues si alguien está leyendo esto, es que la temeridad de mis actos ha acabado por alcanzarme, y arrastrarme a un destino del que no se puede huir, tal vez la muerte, tal vez algo cercano y sin duda, peor. Aseguro aunque poco valga mi palabra, que durante la escritura de estas líneas, me encuentro calmado, y la poca cordura de la que puedo disponer, se encuentra sin duda en cada una de estas letras. Sé que me acerco a algo malo, pero ya descubierto el misterio y resuelto el enigma, sólo queda esperar que no sea demasiado tarde y que mis pocos recursos sean suficientes para, al menos, salvar lo que queda. Sigue leyendo

La mina de Hains

Con el cese de la polvareda, mis ojos volvieron a la oscuridad que les impedía ver más allá de unos metros. Había quedado encerrado. Por algún extraño motivo, ya no me molestaba la garganta, el calor no me afectaba, el miedo se había convertido en indiferencia, la sangre ya no me sabía a nada, apenas tenía hambre y sed. Fue justo en ese momento cuando pasó lo improbable. Entre los escombros una silueta se movió, para segundos después mostrarse. Era un hombre bien vestido, trajeado, olía bien, su sonrisa y sus facciones transmitían calma, y llevaba consigo un maletín de trabajo bastante lujoso.

—¿Es esto un sueño?

Cambió su sonrisa por un gesto de preocupación, pero enseguida volvió a sonreír.

—Esperaba que lo supieras, lo siento, soy la muerte. Es un placer.

—¿Estoy muerto?

—No hasta que te toque directamente. Tranquilo Hains, mi trabajo es hacer de tu experiencia lo más confortable y fácil posible. Olvídate de tus preocupaciones.

—Pensé que vendría una parca con guadaña, no un joven contable.

—Hasta para morir tenéis prejuicios los mortales. Sólo quiero ayudarte Hains, mi trabajo es llevarte. Tengo entendido que eras un jugador excelente de ajedrez, pensé que una última partida te animaría.

Sigue leyendo

Y Smith multiplicará el grano de nuestros campos…

No llueven esferas metálicas ni es posible mirar a través de su recubrimiento opaco. Sin embargo, con aquella se podía…

        Para Isaac el golpe en su muslo derecho, amoratado por el impacto, era el presagio de un acontecimiento divino. Con la bola en sus manos, cojeó de vuelta a la granja y se metió en el cobertizo. Colocó el objeto con mimo sobre la manta del perro y se quedó embobado en la contemplación. La superficie era una aleación perfecta. Sacó una lupa del cajón y realizó un examen meticuloso. Ni una muesca ni la más mínima ralladura. En el peor de los casos, podría conseguir en el mercado de la comarca lo suficiente para comer unos días seguidos. Bizqueó cuando le pareció notar un movimiento en su interior. Acercó y alejó el rostro hasta que, en un determinado ángulo, el interior de la esfera le fue revelado. ¡Divino Smith! El perro agitó la cola y gruñó en dirección a la mesa.

        —Tranquilo, Doc. Enseguida te devuelvo la manta.

        A través de una especie de membrana traslúcida veía algo inconcebible: tierra labrada, edificios y unos hombrecillos laboriosos que se afanaban en las labores agrícolas. Araban surcos y plantaban semillas, retiraban hierbajos y trazaban canalizaciones de agua, que solo el bienaventurado Smith sabía de dónde procedía.

Sigue leyendo