Dani se dejó caer en el sofá como un peso muerto. El comedor estaba hecho un asco; había un montón de platos sin lavar y se veía el suelo lleno de pequeños envoltorios de plástico. Hoy se sentía cansado, y necesitaba más que nunca aquello. Se palpó el antebrazo izquierdo mientras notaba como un frío hormigueo le subía por la extremidad. Se sentía un poco mareado, aunque esa era ya una sensación familiar. Notó entonces, de sopetón, una mano que le acariciaba la cabeza.

“Hola Dani”

Una voz dulce y familiar le llegó desde atrás del sofá provocándole un pequeño sobresalto.

– Hola Alba, hoy llegas pronto. No te esperaba aún.

– Pues muy bien, si quieres me voy.

Alba sonrió de manera traviesa y guiñó un ojo mientras sacaba la lengua de forma burlona. Rodeó el sofá con determinación y se sentó a su lado. Un perfume a flores (Dani no sabía cuales) embriagó la estancia de un modo sutil, disimulando el olor agrio a cerrado y ropa mal secada.

Se sentó a su lado pausadamente y le cogió la mano con suavidad. Dani bajó la mirada con timidez y esbozó media sonrisa.

– ¿Vestido nuevo?

– Lo llevé hace algunos días, no intentes hacerte el detallista. – Alba sonrió e inevitablemente Dani estalló a carcajadas.

 – ¿De qué te ríes? Tampoco me gusta que me hagan la pelota.

 – ¿Sabes? – Intervino él mientras respiraba hondo – A menudo me olvido de que estás aquí porque he pagado por ti –. El rostro de Dani se ensombreció y su sonrisa se envenenó de sarcasmo.

– No empieces con la mierda de siempre Dani, me agotas. – Alba suspiró y puso los ojos en blanco. – Si no quieres estar conmigo no lo hagas, nadie te obliga.

– Me encantas cuando te enfadas, te sale muy poco natural. Menos mal que no eres actriz, serias mala de cojones.

– Eres estúpido – . Alba se echó a un lado del sofá y giró la cara a modo de ofensa para disimular la risa contenida.

 Dani entonces aprovechó para mirarla con detenimiento. Llevaba puesto un corto vestido amarillo pálido y un fular alrededor del cuello. Desprendía elegancia pero también sencillez. Era sin duda su tipo de chica ideal. Sus falsas ofensas siempre acababan en una serie de cómicos reproches que casi los hacían parecer una pareja de verdad. Pero hoy Dani necesitaba otra cosa. Necesitaba más.

 – Hoy he tenido un día de mierda. – La voz de Dani parecía más grave que antes. – Me han ascendido.

 – ¿Eso es un día de mierda? – Alba se incorporó de nuevo a la conversación. Se acercó de nuevo ligeramente, Dani notó que sus manos casi se rozaban. – A veces te ahogas en un vaso de agua.

 – Sabes de sobras que odio mi trabajo. Ahora tengo más sueldo, más responsabilidad y un pié metido en el cemento seco de esta empresa. Y se supone que tengo que estar agradecido. Pues gracias.

 – Dani – la voz de Alba parecía más seria – no existe nadie que te apunte con una pistola y te obligue a ir cada día a la oficina, hacer que te sientes delante del ordenador, y te haga teclear letras y números que poco te interesan.

La expresión de Dani cogió entonces un tono de enfado, casi agresivo.

 – Necesito el dinero Alba, no puedo vivir del aire, lo hemos hablado cincuenta veces. Sin contar que tampoco sé lo que haría fuera de allí, no se hacer nada más, llevo demasiado tiempo en esto. Me siento como un puto inútil.

Alba se dispuso a abrir la boca, pero Dani la interrumpió al instante, esta vez mirándola directamente a los ojos.

 – Y no me seas hipócrita Alba, sin el dinero que gano no te puedo comprar.

La expresión de Alba pasó de sorpresa a casi llanto, terminando por ira. Y esta vez no era fingida.

– A lo mejor es que simplemente eres un cobarde.

Dani bajó la mirada con gesto de vergüenza, notó el peso de la verdad en su corazón. Una verdad que olía a cerrado, como su comedor. Observó con detenimiento las facciones de Alba, que le devolvía la mirada sin decir nada, con contundente y fría severidad.

– Dani, tu no eres ningún inútil. – Su voz tenia el sabor de un tazón de leche caliente con una cucharada de miel. – Yo sé que no lo eres. Algún día saldrás de allí y nada te va a poder parar. Nunca es demasiado tarde Dani, solo tienes que creer más en lo que eres capaz de hacer. Yo estaré siempre contigo. Siempre juntos.

Y sin previo aviso, Alba lo abrazó. Delicadamente pero con firmeza. Acarició su pelo sucio como si de un niño que se ha caído y busca el amor de una madre se tratara. El perfume de la larga melena castaña se notó aún más fuerte. Dani se abandonó a sus brazos, notando como se hundía en un océano tibio y sin hacer ningún esfuerzo por nadar a la superficie. Pasó un rato, pero sería incapaz de decir cuánto. Cerró los ojos y en aquel momento notó una sensación familiar. Ese instante en el que, aunque solo fueran unos segundos, absolutamente todo iba bien. Y era feliz.

– Sabes Alba, creo que sin ti no seria capaz de…

– Perdona Dani – interrumpió Alba – se nos acaba el tiempo. Tu cerebro está a puntode agotar la dosis actual. Recuerda que nos podemos volver a ver cuando tu quieras. Los mejores amigos y compañeros neuroquímicamente inducidos los tienes de la mano de Delirium Friends, marca líder en el mercado, con la mejor variedad y relación calidad precio. Distribuidos en cómodos aplicadores de fácil administración intravenosa, puedes hacerte con las dosis de Delirium Friends en tu supermercado, farmacia o tienda especializada en neuroproductos más cercana a ti. Delirium Friends: sensaciones reales, emociones reales, amigos reales.

Y sin previo aviso Alba se desvaneció en el aire, como una pincelada de acuarela diluida en demasiado agua.

“Amigos reales, pues vaya chiste.”

Dani se mantuvo inmóvil durante unos instantes y volvió a recostarse en el sofá, soltando un largo y cansado suspiro. Se levantó refunfuñando entre dientes y se dirigió a su habitación. Abrió el primer cajón de su mesita de noche y cogió una pequeña caja de cartón blanca con la fotografía de una bella joven de pelo castaño. Sacó de ella lo que parecía una jeringa envuelta en plástico y la desprecintó tirando el envoltorio al suelo.

Se volvió a sentar al sofá y se clavó la aguja en el reverso de su brazo izquierdo, buscando la vena que asoma al otro lado de la articulación del codo. Observó con detenimiento las constelaciones que formaban sus heridas en la piel y se dispuso a hundir el metal en la carne, creando una nueva estrella. Apretó el pequeño botón y el contenido líquido de color azul celeste se vació lentamente. Otra vez el frío hormigueo. Dejó la pequeña jeringa encima de la mesa, delante del sofá, junto a muchas otras desperdigadas por la superficie.

Dani volvió a tumbarse y procedió entonces a limpiar sus ojos enrojecidos con la manga del jersey. A Alba no le gustaba verle llorar.

Imagen: watercolor face by captainsarasparrow

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