Sëved se encontraba al sur del meridiano de Ash’i’ss. Aquél que designaba en Lendria donde empezaba la zona de los Issha. Desde que se recordaba, los reptilianos siempre habían ocupado las tierras más calurosas y sus poblados y ciudades aparecían dispersos en desiertos, pantanos y junglas tropicales. Sólo había unas cuantas ciudades donde los hombres lagarto convivían con los humanos, todas ellas situadas cercanas al meridiano. Y aquí estaba él, para investigar sobre la cultura desconocida de esa raza restiliana.

            La relación entre los Issha y los humanos era, cuanto menos, tensa. No eran disputas territoriales lo que alimentaba el conflicto, ya que ni los humanos querían ir a las tórridas tierras centrales, ni los Issha se planteaban cambiar sus aires por unos más fríos. Sëved, pensó que tenían mucha razón, ¿Quién querría vivir bajo éste implacable sol? Aún así, le gustaba más este clima cálido que el que había experimentado hace poco, en la marca helada. El conflicto, pensó, era sobre todo por las diferencias que las razas tenían. Sobre su manera de ver el mundo y por el udeh. Siempre estaba el problema del udeh.

            Al parecer, ambas razas tenían un gran interés en el mineral azulado pero, por lo que sabía, lo empleaban de diferentes maneras. Mientras que los humanos lo usaban como un combustible de gran rendimiento, especialmente para el trabajo de metales, los hombres lagarto lo usaban en procesos alquímicos que a él le encantaría investigar.

            Cuando llegó a la ciudad de Tselle, lo primero que le sorprendió, era el emplazamiento estratégico de la misma. habían elegido el lugar con ojo clínico, situándolo en lo alto de una colina rocosa que se erigía prácticamente de manera vertical. Por un lado, discurría un río, que les proveía de agua y sustento, y, por el otro, se iniciaba la selva. únicamente un loco atacaría por cualquiera de los dos flancos. Habían abierto agujeros en la roca por tal de construir sus hogares y al parecer, la roca extraída se había empleado para añadir repisas, parapetos y algunas edificaciones en lo alto de la colina. Por lo demás, la ciudad parecía cincelada en la roca. La única vía de acceso era una escalera que serpenteaba, subiendo por la roca. Sëved se apresuró en sacar de su mochila un cuaderno hecho con papiros entrecosidos así como una estrecha varita de plata que le servía para introducir piezas de grafito y se dispuso a copiar sobre el papel un esbozo de la ciudad.

            Según se acercaba a la escalinata, vio que un par de guardias Issha guardaban la entrada a la escalinata. Pudo apreciar que portaban armaduras ligeras de cuero y placas bronce que recubrían los puntos vitales. Sin embargo, con buen criterio, no portaban casco. Blandían lanzas, así como llevaban machetes envainados. Por si ese armamento fuera poco, observó que a poca distancia de ellos había una panoplia con jabalinas. Se les acercó e intentó entablar una conversación amistosa con ellos:

– Saludos, valerosos guerreros. ¡Menuda colección de armas que portáis!.- No estaba seguro de que iniciar una conversación señalando que sus contertulios disponían de armameno y él no, fuera la mejor estrategia.

– Saludos, viajero. ¿Qué hace por estas tierras?.- Al parecer, no habían notado la referencia al pequeño arsenal que los guardias llevaban consigo.

– Soy un historiador y voy de ciudad en ciudad, aprendiendo de lo que los habitantes me pueden enseñar de su pueblo.

– ¿Un historiaqué?.- al parecer los hombres lagarto no conocían lo que significaba su noble ciencia.

– Digamos que recojo las tradiciones y la cultura de los diferentes lugares.

El guardia miró al otro, quien se encogió de hombros y sacó la lengua hacia arriba.

– Espera aquí un momento, voy en busca de nuestra superior.

            Sëved no tenía problema en esperar, estaba acostumbrado a ello. Mientras el guardia subía por las escalinatas de piedra, él se puso a hablar con el guardia restante.

– ¿Qué tal es eso de guardar la entrada, tenéis mucho trabajo?.- le preguntó al guardia, intentando mostrar interés por su día a día.

– Pues la verdad es que no demasiado, salvo por alguna bestia ocasional que se pierde.- Dijo el guardia mientras esgrimía la lanza, como si acometiese contra una bestia imaginaria.

            Eso le llevó a Sëved reformularse las ideas que tenía sobre el armamento de esos Issha en particular. Parecía estar hecho a medida para lidiar contra las criaturas de la selva, más que contra seres humanos. La lanza medía unos dos metros y medio y era demasiado gruesa como para manejarla en combate, estaba hecha para resistir embestidas y clavarse profundamente en los animales. Los machetes carecían de guardia y su extremo cortante era demasiado grueso como para ser usado como arma, parecían más herramientas para abrirse paso en el bosque. Por último, las jabalinas evidentemente se usaban contra las bestias que atacaban la zona, más rápidas de usar que las flechas y con más capacidad de penetración.

– ¡Menos mal que estáis por aquí para acabar con esos monstruos!.- Dijo, enarbolando las capacidades de combate del Issha. A todos les gustaba que valorasen sus aptitudes masculinas para el combate, y los Issha no serían una excepción

– ¡Ojalá las de arriba pensaran lo mismo y me dejaran unirme a las batidas de caza!.- El humano sintió que tenía que indagar un poco más aquí.

– ¿Y cómo es eso? ¡Estoy seguro de que eres un buen guerrero!

– Sólo las Issha’i pueden unirse a los grupos de caza, y aquellos guerreros más aguerridos.- Dijo, con cierta pesadumbre.

– ¿Issha’i?.- Había algunos tecnicismos del idioma que todavía no dominaba del todo.

– Si, las Issha hembras.- El hombre lagarto, divertido ante su desconocimiento, parecía hablar aún más, para enseñarle lo ignorante que era sobre su cultura.- Cuando decimos Issha, nos referimos a nosotros, como raza. Issha’i es el nosotros, en femenino.

-Y, entonces ¿cómo se dice Issha en masculino?.- Sëved no pensaba desaprovechar el filón.

 – No existe. Solo existe Issha, que se usa para toda la raza.- dijo, dejando entrever sus afilada dentadura y la lengua sobresaliendo, hacia las fosas nasales, en lo que creyó interpretar una sonrisa.

– No te ofendas, pero me parecéis tremendamente complicados.- dijo, mientras reía, por tal de simular el estado de ánimo de su contertulio.

– Pues espérate a hablar con la comandante- Chasqueó la lengua de alegría en ésta ocasión.- ¿Cómo te denominan?

-Me llamo Sëved. ¿Y tú, cómo te llamas?

– No me “llamo”.- El Issha no cabía en su alegría de poder corregir tanto a un humano.- Me denominan.

– Me parece que no te sigo en esto…

– A los Issha no nos ponen nombres como a vosotros. Tenemos muchos. El primero es el nombre de primera piel. Aquél que tienes de tu kha’i, madre. Hasta que un Issha llega a la edad del Nombre, asume el nombre de su Kha’i…

– ¿Entonces, el nombre es el mismo que el de vuestra madre?.- Interrumpió, interesado.

– Más o menos. Mi nombre de primera piel era Tze’i’ne ya que el nombre de mi madre era Tze’i. Pero cuando llegamos a la edad del nombre, nos dan un nombre por nuestras acciones o características. Mi denominación es oissje’ne. En tu idioma significaría el que avista. Me lo dieron por que puedo ver a mucha distancia quién se acerca. Luego tenemos los nombres de antecesoras. Son los nombres de las gestas que han hecho nuestros antepasadas y se conservan todos. Yo sólo tengo dos, pero hay algunos Issha que tienen varias decenas.

– ¿Y cuáles son esos nombres?.- Indagó Sëved. Aquí iba a tener mucho material para su investigación.

-Son el constructor y el matador de humanos.- Dijo Oissje’ne, hinchándose de orgullo, pero enseguida se dio cuenta de lo que había dicho e intentó tranquilizar a Sëved.- Bueno, digamos que son las cosas que mis antepasadas hicieron, eso no significa que yo me dedique a matar humanos.- Dijo sonriendo, pero en ésta ocasión con la lengua hacia abajo.

Mata humanos…- Este tipo de nombres no hacían sentirse más seguro al humano, precisamente.

– Si, digamos que en la guerra del udeh, una de mis antepasadas luchó con especial arrojo y debió matar, por lo menos, a varias decenas de keun’ss o humanos. ¿Y vosotros, los humanos, tenéis nombres de antepasadas?

            Sëved se puso a pensar una respuesta. tal vez indicarle al hombre lagarto qué entre los humanos no se conservaba el nombre de la mujer y se sus gestas podía hacerlo menos amistoso, así que optó, por no mencionarlo.

– No, los humanos, no tenemos eso, somos muy diferentes.- dijo riendo y luego, por tal de desviar un poco el tema, le preguntón al guardia.- ¿Y cómo me denominarías a mí?

-Mmm déjame pensar… .- Se llevó la lengua a la nariz.- ¡Ya lo sé! Te llamaría Sal Ghil’ne.

            El que avista, no pudo continuar, ya que un par de figuras que bajaban lo interrumpieron. El otro guardia acompañaba a una Issha’i que portaba una armadura más elaborada, con remaches de hierro. Por lo poco que sabía de los Issha, Sëved dedujo que era bastante joven: las escamas brillaban en su cuerpo y éstas no eran especialmente duras en el rostro y las manos. Tampoco presentaba muchas mudas de piel acumuladas sobre su cabeza.

– Te presento a cazadora de bestias. Tiene 11 nombres, así que trátala con respeto.- Añadió en voz baja el que avista.

            El humano aguardó a que Cazadora de Bestias iniciara la conversación. Eso le permitiría ver en qué condiciones quería hablar.

– Así que tú eres un historiador. Un humano estúpido que se dedica a atrapar los hechos en papel.- Dijo, enseñando los dientes del lado izquierdo. Él supuso que eso se podría traducir en un gesto entre una sonrisa y el desprecio.

– Así es, Cazadora de Bestias, la de los 11 nombres.- Contestó, intentando ser lo más respetuoso posible. Su entrada en la ciudad dependía de lo bien que encauzara la conversación.

– Veo que, al menos, sabes guardar respeto. Sin embargo, tengo una pregunta para ti. ¿por qué íbamos a dejar pasar a un keun como tú a nuestra ciudad?

– No conozco mucho de vuestra cultura y es por eso que deseo aprender de vosotros. Hablando con oissje’ne me he dado cuenta del abismo que hay entre vosotros y nosotros y, por eso, creo que los keun, como nos llamas, podríamos mejorar mucho si aprendemos vuestra cultura.

            La Issha’i pareció pensarse la respuesta, pero Sëved no tenía duda de la misma. Pocos individuos niegan la posibilidad de enseñar su superioridad ante otros y la de los 11 nombres, en su todo orgullo, no sería diferente.

– Te dejaremos pasar, keun. Tendrás un supervisor durante el tiempo que estés de invitado. Sin embargo, deberás dejar todo arma que portes en la panoplia.

– No porto ninguna, soy viejo ya para luchar.

– Entonces, comenzaremos a subir.- dijo mientras enseñaba sus dientes. Al viejo humano no le quedaban dudas de que ahora la cazadora de bestias, joven y experta en la lucha como era, se sentía muy superior a él en éstos momentos. Ese era justo el estado de ánimo en el que necesitaba que se mantuviera.

Antes de marcharse, Sëved se dirigió al que avista.

– ¿Que significa Sal Ghil’ne?

– Significa Ojos de plata.

Sin duda alguna el que avista, hacía honor a su nombre.

Contuinuará

Sëved: hombre que se dedica a recoger la historia y cultura de Lendria.

Issha: raza bípeda de reptilianos que habitan Lendria. De características similares a las humanas, muestran amplia resistencia al calor.

oissje’ne : El que avista. Guardia Issha de la puerta de la ciudad.

cazadora de bestias: Capitana de la guardia de la ciudad y miembro del grupo de expediciones.

Sal: ojos

Ghil: plata.

Kha: progenitor. Kha’i Madre.

Keun: humano

i: indica que algo es femenino. Ej. Kha’i= progenitor femenino=madre.

ne: indica que es poseido por o es inherente a algo. Ej. ghil=plata. Ghil’ne= de plata.

ss: indica que es plural. Ej.kha=progenitor. Kha’ss= progenitores.

Idioma Issha: Carecen de b, f, m, p, v, w y z. Esto es debido a la diferencia en sus labios para con los seres humanos. Sin embargo tienen diferentes tipos de S. la S “normal” que se pronuncia como una s, la ss que se pronuncia de manera más aguda, en una parte más adelantada de su paladar, con ambas puntas de su lengua, lo que hace que suene más sibilina. También tienen la zs, que se pronuncian como la z pero con las puntas de sus lenguan biperinas, comienza como una z, pero acaba como una S. También tienen la Tz, Ts y Tx, que varían en sonoridad. También tienen letras y sonidos que se hacen al sorber aire por la boca, con la lengua viperina en los dientes.

Nombres: los Issha tienen un nombre de primera piel, que es el nombre de su madre más un ‘ne. es el equivalente al -dez del castellano. Ej. tze’i–>tze’i’ne. Cuando llegan a la edad del Nombre, a los Issha un tribunal les otorga un nombre en base a sus atributos. Pueden ser actos, habilidades, atributos físicos, aficiones… Cuando Llegan a la edad del nombre, también asumen los nombres de sus antepasadas. Son nombres que recuerdan las gestas de sus antepasadas (solo mujeres). Un Issha puede, en vida, conseguir un segundo nombre, o nombre de Gesta si realiza acciones que sean reconocidas por los suyos. En el caso de los machos, éstos no serán heredados.

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Un comentario en “Estudiando a los hombres lagarto (1)

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