– Pero mira cómo van vestidas… no me extraña que luego las confundan con putas. – dijo Rude con una risilla, exhalando una bocanada de humo de su cigarrillo.

– Vigila lo que dices, cada mujer viste como ella quiere. Además, ¿Quién eres tú para juzgarlas?. – dijo Jude con desdén a su compañero, desde su asiento de copiloto.

– Wow, tranquilo vaquero. Vestir cómo ellas no las convierte en putas, pero si actúan como tales luego ya es otra cosa. Cómo tu mujer, que no ha esperado ni dos meses después de tu entierro, para tirarse a otro. Eso sí es ser una puta.

– No hables de lo que no sabes, es normal que intente rehacer su vida.

– Pero en sólo dos meses…

– ¡Basta ya! Tú me sacaste de esa casa, tú viste lo mismo que yo. Llora mi muerte cuando está sola.

– Dirás cuando no está tirándose al otro.

Jude le arreó un guantazo a la cara de su compañero, y ésta lo atravesó. Sólo logró esparcir un poco del humo del cigarrillo. Su impotencia hizo que girara la cara hacia su ventanilla del coche destartalado en el que estaban.

La apariencia de ambos seres difuminados, dejaba a entrever un poco las facciones que tuvieron en vida. Rude, tenía una cara dura con un par de ojos hundidos y un pelo poco denso que delataba una edad de la muerte entre los 40 o 50 años. Jude, tenía la cara un poco más llena, era aparentemente más joven y tenía unos ojos saltones que denotaban interés en disfrutar de la vida cuando había gozado de ella.

En vida, ambos formaron parte del cuerpo de policía y eran compañeros de patrulla. Y ya sea por designios del destino o per elección divina, continuaron con esa relación una vez muertos.

– Perdona chico, pero dos meses son muy pocos.

– ¡Por favor! ¿Porqué aún y después de muerto tengo que aguantar tus memeces?

– ¡Eh! De acuerdo que fui yo el que decidió sacarte de tu jodida casa en la que te estabas mortificando. Que luego te asignaran como mi compañero, eso ya no fue cosa mía. Todos tenemos que pagar un precio para entrar en las puertas del cielo. Que por cierto Jude, después de que te mandara arriba, ¿Cómo fue tu entrevista con Dios?

– Hum. Me dijo que no tenía los requisitos para acceder al cielo. – dijo Jude con cierto rintintín, intentando imitar un acento repelente- Me recordó cuando era joven y me descartaban de todos los empleos porque mi currículum no cumplía los requisitos. Y para acabar de tocar los cojones, va y me dice que tengo que hacer unos trabajos en la Tierra. ¡Ni que fuera su jodido becario!

– ¡Jaja! ¡Con la mala leche que gasta seguro que debe ser mujer! – y ambos empezaron a reír.

De fondo se oyó un trueno lejano. Ambos dejaron de reír, para dejar paso a una mueca de preocupación. Desconocían si ese trueno era pura casualidad o un memorándum de para quién trabajaban. Perfectamente sincronizados, ambos salieron del coche abandonado.

– Bueno Jude, vamos a hacer un poco de patrulla.

Sólo necesitaron un par de horas dando tumbos por las calles y flotando por la ciudad, para encontrar un caso de posesión.

Se trataba de una niña, no llegaría a los 12 años. En el momento en que Rude y Jude entraron en la habitación por el techo, la chica estaba dando espasmos en la cama lanzando toda clase de improperios hacia sus familiares que la rodeaban. Los hombres reteniéndola con cinturones en la cama y las mujeres recitando salmos y toqueteando rosarios.

– Estoy harto de estas pantomimas ¿es que no ven que poseyendo a alguien no van a conseguir nada, solo armar follón? – apuntó Jude y acto seguido se dirigió hacia la muchacha.

Agarró algo de dentro de la niña y sacó a una manifestación translúcida de un hombre de unos 40 años. Inmediatamente la joven dejó de tambalearse para sumirse en un tranquilo reposo.

– Ya basta de la niña del exorcista por hoy – inquirió Jude al fantasma del hombre.

– ¿Pero qué haces? ¡Déjame volver a entrar!

– Ya la has liado suficiente por aquí, es la hora de tu juicio – le dijo Rude mientras lo agarraba por un hombro y lo arrastraba hacia arriba.

– ¡No! Se lo suplico, por favor déjenme volver. Déjenme meterme en el cuerpo de mi hija, es la única forma de estar en paz. Después de eso iré donde sea con ustedes, aunque sea el mismísimo infierno. – en los ojos del hombre se podía ver la desesperación de un padre y la determinación de un hombre.

Ambos ex-agentes meditaron unos instantes. Jude hizo un ademán a Rude para que le soltara el hombro. Una vez libre, el hombre bajó de nuevo al cuerpo de su hija e hizo volver a la niña a su catarsis.

– Si preguntan los de arriba, diré que has sido tú. – dijo Rude mientras hacía cómo que se limpiaba las manos.

El bailoteo incesante duró varias horas, después ambos ex-agentes vieron cómo todos los familiares se iban apartando de la cama y dejaban entrar a un cura seco y arrugado. Éste, nada más ver a la niña, les gritó a todos los familiares que abandonaran la habitación, ya que iba a realizar un exorcismo.

Una vez estuvo solo, la niña continuaba gritando y intentando liberarse de sus ataduras. Así que el cura empezó a vociferar el padre nuestro varias veces crucifijo en mano y muy cerca de la niña. Y crucifijo en mano, golpeó a la niña varias veces en la cabeza dejándola.

– ¡Ahí va! Nunca había visto esta forma de exorcizar a alguien – exclamó Rude entre sorprendido y divertido.

Una vez calmada de sus espasmos y griterío, el cura empezó a sobar el cuerpo de la chica. Después de lamer sus mejillas, se apresuró a gritar hacia la puerta que aún debía continuar el exorcismo y que nadie debía entrar o Satán entraría en ellos.

– ¡Pero será desgraciado! – gritó Rude con impotencia, mientras Jude permanecía expectante a su lado con los dientes apretados.

– Nunca subestimes el amor de un padre. – dijo con la mirada fija en el sacerdote.

Una vez dicho esto, la niña recobró la consciencia y clavó sus dientes en la yugular del sacerdote y no lo soltó. En medio de borbotones de sangre, la catarsis de ambos fue compartida por unos instantes ínfimos en los que el alma del padre se metía dentro del capellán. Después de eso, la chica recobró la placidez y el sacerdote se incorporó extrañamente inmutable ante el dolor de su herida mortal.

– Después de muerto y al visitar a mi familia, vi cómo éste desgraciado abusaba de mi hija.- dijo con voz grave el sacerdote en dirección a los dos ex-agentes. – No me podía marchar tranquilo de éste mundo, sin liberar a mi hija del acecho de éste chacal. Ya me da igual dónde me llevéis, haré lo que digáis.

– Pues para empezar sal de ese cuerpo, y síguenos. Vaya escenita que has montado.- dijo Jude severo.

– Sólo dejadme hacer una cosa antes, no soportaría que este animal disfrutara de buena fama una vez muerto. – dicho esto, se abalanzó sobre la cama, se bajó los pantalones del capellán y agarró firmemente su miembro. El hombre abandonó al cura y acto seguido, el cuerpo quedó tendido y seguido de leves espasmos fatales.- Espero que ésta posición y toda la pornografía infantil que tenía en su dispensario sean pruebas suficientes como para arruinarle la reputación.

Los tres abandonaron flotando la habitación, no sin antes ver cómo el grupo de familiares entraba para descubrir la horrible escena.

– ¿Y ahora adónde vamos? – preguntó el hombre.

– Arriba, pero eso no quiere decir que vayas al cielo. nosotros solo te dejamos en la entrada y ellos ya van a decidir qué hacen contigo. – le dijo Jude.

– Yo sólo sé que nos va a caer una bronca por culpa de vuestros caprichos. – refunfuñó Rude sin mirarlo.

– ¿Y el alma del cura? ¿No os la tendríais que llevar también? – dijo el hombre después de un largo silencio.

– ¿Ése? Pues por lo que sé, si no la hemos visto es que ya tenía el sitio asegurado. No sé si me entiendes. – dijo Rude con una mirada de complicidad. – Aunque lo que tú has hecho no está nada bien, al menos tienes argumentos. Allí arriba es todo muy burocrático, ya verás. Si te dejan elegir algún consejero para la entrevista con Dios, pregunta por Paul y dile que vienes de parte de Rude.

Cuando llegaron, dejaron al hombre un tanto acongojado en las mismísimas puertas del cielo. ambos le dieron un par de palmadas en la espalda y se despidieron mientras flotaban de vuelta a la Tierra.

Y después de un largo silencio, Jude habló suavemente.

– Oye Rude, ¿por qué me sacaste ese día de mi casa?

– Pues no lo sé del cierto, en una de mis patrullas pasaba junto a tu barrio y tuve curiosidad de ver cómo te iban las cosas después de mi muerte. Aunque he de decir que me sorprendió ver que estabas muerto, lo que más me jodió fue ver que estabas llorando en tu habitación mientras la pu…, mientras tu mujer mantenía relaciones sexuales con otro hombre. Al ver eso, supe que tenía que sacarte de ahí. Me dolía ver tu batalla interna entre el olvido de tu mujer y el hecho de que ella quisiera rehacer su vida. Me hacía pensar un poco a cuando yo era joven y hubiera necesitado a alguien que me hubiese ayudado como tú habrías hecho.

Jude intentó retener una risa.

– ¡¿De qué coño te ríes?! Te enseño mis sentimientos y ¿Te echas a reír?.

– Es cuando has dicho lo de “relaciones sexuales”. No va mucho contigo la verdad.

Ambos empezaron a reír.

– ¡Hay que ver! ¡Menudo par de paletos estamos hechos los dos! -dijo Rude.

– ¡Preparaos almas en pena! ¡Aquí llegan los becarios de Dios! -dijo Jude entre risas.

Un trueno retumbó no muy lejos, pero entre sus carcajadas, ninguno de los dos lo oyó.

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Un comentario en “Los becarios de Dios

  1. La idea me ha parecido muy buena. Rebosa originalidad y frescura en todos los sentidos, des de los personajes, hasta la acción que se desarrolla. Me encanta el toque de humor macabro que lo envuelve todo, pero sobre todo me da por preguntarte si no habrán más casos para estos becarios de dios. Pues la verdad lo veo como algo que podría tener una continuidad. Me encantaría leerla!

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