―¿Quieres decirme, por favor, qué camino debo tomar, para salir de aquí? ―pregunté.

―Eso depende de adónde quieres ir ―respondió el Gato.

―Quiero ir a mi pasado, a mis lecciones de piano, a mis ganas de aprender, a mi talento, a mi entrega, a no dejarme abatir por nada ni por nadie y regresar convertida en una gran pianista ―afirmé.

―Entonces no importa qué camino tomes ―replicó el Gato―, ningún camino te conducirá al pasado.

―Pero este es el País de las Maravillas, Alicia me dejó entrar; dime al menos, qué camino podría ser el más indicado ―rogué al Gato.

―Si fueras a tu pasado, de todas formas tendrías que regresar acá para preguntarme qué camino debes tomar para salir de aquí ―repuso el felino―. Piensa en tu presente, ¿adónde quieres ir?

―Te lo acabo de decir, quiero ir adónde pueda recuperar el talento que perdí, solo que a veces no puedo evitar ponerme a pensar cuán distinta sería mi vida de ser yo una gran pianista, y es entonces cuando me cuestiono si es ahí donde quiero ir, tú debes saberlo, se tiende a idealizar el pasado, entonces Gato… ¿Gato? ―miré al árbol y él ya no estaba.

―Gato malo, me dejó hablando sola ―murmuré―. Salir de aquí es pan comido, yo misma planifiqué este encuentro durmiéndome a propósito en esta página solo para conocerlo y preguntarle qué camino debo tomar, pero el muy astuto desapareció y ahora tendré que despertar sin saber qué hacer.

―¡Fíjese por dónde camina! ―dijo el Conejo blanco― ¡Voy retrasado!.

―Le ruego me perdone, estaba pensando en otra cosa.

―Voy retrasado! ―repitió, y se marchó mirando su reloj.

Observé cómo se alejaba y, decepcionada, reanudé mi caminata, pensando.

―¡Lo tengo! ―exclamé― En cuanto despierte voy a pedirle a Dorothy que me deje entrar a Oz, recorreré el camino amarillo, conoceré al Mago y le pediré ser una gran pianista.

―¿Sabías que estás loca? ―me preguntó la sonrisa flotante del Gato, desde lo alto de un árbol.

―Claro que lo sé, de lo contrario no estaría aquí conversando contigo, arriesgándome a una demanda por plagio y derechos de autor. Qué torpeza la mía.

―Ser una gran pianista ha de requerir de mucho talento ―dijo él, ya transformado en gato.

―Así es.

―Mucha fortaleza.

―Eso creo.

―Mucha humildad.

―Supongo.

―Si logras encontrarte con ese mago, no le pidas ser una gran pianista.

―¿Por qué no?

―Conozco a Oz, él refuerza, no otorga… ―dijo el Gato mientras desaparecía.

―¿Qué tengo que reforzar, dime, el talento, la fortaleza, qué?

―Depende del camino que tomes.

Y su sonrisa desapareció al igual que el sonido del bosque, la Liebre de Marzo, el reloj y las voces de los bebedores de té, diciendo “no hay lugar”, se hicieron cada vez más lejanas, hasta extinguirse y comencé a parpadear, a abrir los ojos, sin embargo…

―¿Quieres decirme, por favor, qué camino debo tomar para no salir de aquí, pues descubrí que deseo vivir para siempre en el País de las Maravillas?

―Simple, no despiertes.

Portada: http://apofiss.deviantart.com/

Anuncios

4 comentarios en “Un encuentro soñado

¡Nos encantaría que comentaras tus impresiones sobre el relato!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s