Me adentré por calles sombrías, plazas desiertas y recodos angostos, sórdidos y peligrosos. La noche y la niebla me envolvían, entorpecían mis pasos y dificultaban mi visión, ya dañada por un severo astigmatismo, arriesgándome a caer de bruces contra el frío asfalto en cualquier instante. Jadeando, con el rostro lastimado por el chicotazo de un ciprés y el cabello revuelto por el viento, llegué a la gran mansión abandonada, lugar pactado para nuestro encuentro clandestino. Sigilosa me aproximé a la puerta, aguardé un instante y toqué tres veces.

Está abierto, puedes pasar ―dijo una voz masculina desde el interior.

Tú debías abrirme, Max ―dije, dando un portazo―. ¿Ya lo olvidaste?

Tú me citaste, querida, agradéceme que haya venido.

¡Petulante! ―exclamé―, no tienes ningún derecho a tratarme así.

¿Petulante? ―dijo, sin dejar de escribir en su libreta―. Habla pronto preciosa y lárgate rápido, estoy ocupado.

Me leíste el pensamiento ―dije irónica―. Seré breve: me harté de ti, no me entretienes y ya no me motivas. Además, encontré a otro.

¿Cómo dices?

Dije que encontré a otro, lo nuestro se acabó.

¡No, por favor! ―imploró nervioso―. ¡No me dejes, haré lo que sea, te lo ruego!

¿Lo que sea? Tú nunca cambiarás, Max, admítelo.

Cariño, estoy dispuesto a cambiar, por favor, no me dejes ―suplicó, tapándose el rostro con ambas manos, sollozando.

Está bien, no lo haré, pero ya no serás el galán Max Brown, serás “Don Moralejo, el cangrejo, amigo de los niños y consejero científico”.

¿De qué hablas?

Lo que oyes, a partir de ahora ya no escribiré novela rosa, escribiré cuentos infantiles. Y mi nuevo personaje es un cangrejo didáctico y amistoso, no un crápula como tú.

No comprendo en qué puede influir esa alimaña entre tú y yo…

Tú y yo, nada. Tú no eres real, eres un personaje, yo te escribí. ¿No lo sabías, querido?

Con cierta arrogancia, Max tomó su libreta y me la extendió.

¿Éste es tu regalo de despedida? ―reí―. Quédatela, no quiero nada tuyo, y mucho menos tu mugrosa libreta de citas ―reí más alto.

De repente, guardé silencio y temiendo lo peor la abrí. Entornando los ojos, comencé a leer: “Me adentré por calles sombrías, plazas desiertas…”.

―“…y recodos angostos, sórdidos y peligrosos” ―citó él de memoria.

¿Quién te crees que eres? Yo soy la que escribe, no tú a mí. Este es otro truco tuyo para retenerme.

¿Un truco? ¿Y cómo explicas esto, entonces? ―replicó, arrebatándome su libreta.

¡Idiota, entrégamela! ―chillé y me abalancé contra él, luchando por quitársela, y entre insultos, bofetadas y puntapiés, forcejeando por la maldita libreta, derribando muebles, chocando contra las paredes, rodamos por el suelo. A punto de estrangularnos, alguien se echó a reír. Avergonzados, detuvimos nuestra riña y al incorporarnos, comprobamos que se trataba de nuestra autora.

Bravo, bravísimo… ―exclamó con aire sarcástico.

Abruptamente dejó de aplaudir, se desmoronó en una silla y le empezó a hablar al vacío: ―Los odio, maldita la hora en que les di vida, estos dos son unos parásitos, lo peor que he escrito, la pareja más patética del momento ―y se giró mirándonos fijamente―. Por culpa de ustedes soy el hazmerreír de las librerías, mis ventas se han ido a pique, estoy estresada y casi en bancarrota ―se notaba el rencor en sus palabras.

Perdón ―murmuramos al unísono.

Tarde para pedir perdón ―dijo con voz entrecortada. Y tras secarse con la manga de su blusa lo que debía ser una lágrima, tomó la libreta y la arrojó al fuego.

Lo siento, chicos, pero ya saben cómo es esto, un día te aman y al otro te odian. Además, quieren hacer una serie de televisión de Don Moralejo y estaré únicamente dedicada a escribir libros para niños, espero que me comprendan. Nunca los olvidaré.

Y evitando mirarnos, abandonó rauda la mansión, mientras Max y yo desaparecíamos entre las llamas.

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2 comentarios en “Ruptura

    • Muy bueno! Ruiz relata desde un lugar dónde el autor se enfrenta ,con sus personajes, que son parte del autor mismo!Eso lo podemos transportar a la vida real, nosotros, muchas veces creamos personajes en los individuos que conocemos, sean amigos , pareja, parientes o compañeros de trabajo.Después…la desilución y a arrojar la libreta al fuego.Muy buen relato!

      Eric von Bibert

      Le gusta a 1 persona

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