La luna llena brillaba prestando la luz de sus rayos a las aguas oscuras del amplio mar. El pirata contemplaba desde el barco las centellas que jugaban en las pequeñas olas. Estaba relajado. Era una noche perfecta. La brisa apenas susurraba y el mar había dejado a un lado sus berrinches para que pudieran ver lo hermoso que también se veía calmado.

De pronto, una cabeza con un largo cabello azul emergió de entre las aguas. El pirata se quedó boquiabierto por la repentina aparición. Tampoco pudo evitar soltar un grito ahogado cuando vio que aquella misteriosa mujer usaba una cola de pez, hermosa y plateada, para nadar elegantemente.

Su pequeño grito hizo que la sirena lo mirase. Era muy bella, y sus ojos de un verde hipnotizador. Ella lo miró con curiosidad y después le sonrió, saludándole tímidamente con una mano de perlada piel. El pirata, embobado, le devolvió el saludo y la sonrisa.

―Nunca había visto un pirata ―reconoció ella emocionada, con voz clara como el agua, mirándole con el mismo asombro con que él la observaba a ella.

―Nunca había visto una sirena ―titubeó él.

―¿Es cierto que vivís miles de aventuras?

―Miles ―respondió el pirata―. ¿Es cierto que vivís bajo el mar?

―A mucha profundidad ―sonrió divertida―. Aunque en mis aguas no suelo ver piratas. Cuando la luna está llena, su bello brillo me despista y me guía a otros mares. Suele pasar. De voz de otras oí vuestras historias.

―¿Qué historias?

―De piratería. De tesoros. De aventuras.

―¿Quieres oír alguna? ―adivinó el pirata.

―Por supuesto. Tengo que presumir después.

El pirata le contó sus aventuras, añadiendo un toque de fantasía y emoción. Contó una detrás de otra, pues tenía la sensación de que cuando callara, ella se iría. Él no quería que ella se fuera.

Sin embargo, el amanecer se avecinaba y avisó de su llegada con tonalidades anaranjadas en el horizonte.

―Debo irme ―anunció ella, sintiéndolo.

―No, espera…No…¿Volveré a verte?

―Si dejas que el brillo de la luna llena te despiste… ―insinuó con una sonrisa traviesa. El pirata también sonrió, la sonrisa de ella lo provocaba―. Nos vemos en la siguiente aventura.

Y antes de que el primer rayo de sol despuntara el día, ella se fue, sumergiéndose en las profundidades del océano.

Desde aquella noche, cada luna llena, el pirata buscó a la sirena en el brillo lunar que reflejaba el mar. Buscaba a su sirena provisto de aventuras, de poesía…incluso de canciones. Cantaba para ella, a su belleza, a su misterio, a su promesa de aventura…

Sin embargo, ella no volvió a despistarse por el brillo mágico de la luna llena. ¿Por qué desviarse entonces por el aventurero canto de un loco pirata?

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2 comentarios en “El pirata y la sirena

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