Liam a menudo se preguntaba cosas que la mayoría tomaría por obvias; como porqué el café se sirve caliente o los helados fríos. Cosas que para otra persona tendrían poca o nula importancia, a él fascinaban. No era el objeto o el suceso sino lo que podía ser, lo que le llevaba a preguntarse constantemente.

Disponía gran parte de su tiempo en eso y a veces cuando deseas algo con tanta fuerza, cosas inesperadas pueden suceder.

―¿Y eso qué tiene que ver con el tema?

―Bueno, pudo haber utilizado otra clase de apuntador o pizarra, la ropa que usa puede ser un factor para su desempeño y eso importa, porque debe tener un buen desempeño con sus alumnos, nosotros.

―De acuerdo Liam ¿Sabes qué factor importa? El castigo que te acabas de ganar por no guardar silencio en clase. Vete a la oficina del director.

Tomo mi maleta, guardo los libros y me dirijo a la puerta. Siento que el resto de mis compañeros me siguen con la mirada, eso me causa curiosidad, y me pregunto si será por mi respuesta o por la acción del docente.  Cierro la puerta corrediza detrás de mí.

Camino mirando al suelo, no es que esté avergonzado por lo que he hecho, simplemente me pregunto si alguien se ha dado cuenta de la cantidad impar de baldosas en el corredor. Me detengo en seco delante de la puerta del director.

Llamo a la puerta por cortesía, la asistente me dice que pase, miro las diplomas en la pared detrás de él y me pregunto si tiene baja autoestima y cree que así la gente lo tomara en cuenta o si es solo un distracción para su calvicie parcial.

Me siento sobre la silla de plástico, mientras me pregunto por qué escogieron ese material para la silla.

―Tú de nuevo ¿Qué sucedió esta vez?

Me pregunta mientras se acomoda en la silla. No debe serle cómoda, quizás porque debería bajar de peso o por pasar tantas horas sin moverse.

―Le pregunté al profesor cómo lo hacía para decidir qué tipo de marcador utilizar y cómo el tema del que hablaba interfería en eso.

―Liam, sabes que a los docentes les fastidia responder preguntas que no tengan nada que ver con el tema de su clase.

―Ninguna pregunta está fuera del tema, todo afecta a las posibilidades y si no les gusta responderme, habría sido mejor que estudiaran para otra profesión o directamente que no interactuarán con otro seres humanos

Se acomoda la corbata para ignorar mi respuesta, y me dice:

—¿Eres consciente de que ésta es tu quinta sanción en lo que va de mes? Una más y tendré que expulsarte provisionalmente.

—¿Y qué quiere que haga?

—Quedarte en silencio hasta que termine la clase. Ahora vete y ten en mente lo que te he dicho.

Me despido con cordialidad y cierro la puerta sin hacer ruido. Mientras vuelvo a mi clase cuento los casilleros, que están en un proporción de dos a uno con la cantidad de baldosas, y llamo a la puerta.

—Pasa Liam. Espero que hayas aprendido tu lección —me dice el profesor. Y mientras voy hacia mi silla, vuelvo a sentir que me observan.

Tomo mi carpeta y la inclino dirección al ventanal. Aunque tapada por la figura de un alumno, la vista es preciosa, pues deja ver el bosque que se extiende hacia las montañas, más allá del pabellón de cemento del patio. Mi mirada se pierde en el cielo.

—¿Qué haces? —me dice el profesor. Por el tono de su voz parece enfadado.

—¿Qué le parece que hago? —respondo escueto, recordando el reciente consejo del director.

—Mirar por la ventana mientras ignoras lo que estoy explicando a la clase.

—Correcto y además seguir el consejo de no preguntar cosas fuera del tema. Consejo que usted debería aplicarse.

—Repite eso, mocoso. Será mejor que prestes atención de una vez.

—Mire, no quiero ganarme otra sanción. Puede explicar la clase con su apuntador, con su traje o con lo que sea que eligiera sin ningún criterio. Pero ahora el paisaje me parece más interesante.

Salgo del colegio más rápido que mis compañeros. Con el tiempo a mi favor me permite ver con más calma lo que sucede a mi alrededor. La gente no se da cuenta de la maravilla que es movernos a través del tiempo, como cuadros estáticos de forma individual, con inmensidad de posibilidades que se cierran o se abren.

Pero están tan ocupados en simplemente aceptar las cosas que vienen, que no gastan energías en pensar por qué suceden, les es muy fácil culpar a las circunstancias.

La gente me evita y me adelanta, puesto que mi andar es lento en comparación al suyo.

“¿De qué les sirve correr si no saben adónde van?”

Oigo esta frase a mi derecha y me paro en seco. Y cuando el gentío se disipa, la veo, de pie con su sudadera azul llegando hasta la rodilla y su gorro con orejas a pesar del calor, apoyada en la baranda oxidada, mirando al lago.

Me acerco y ella continua hablando para sí misma, mientras mira el lago.

—Si fuera menos profundo se podría cruzar hacia el otro lado, pero no patinar sobre él. Su profundidad afecta a muchos sucesos, pero la que tiene ahora brinda el mayor nivel de hermosura en comparación con los otros posibles.

—¿Está ocupado? —pregunto con educación.

—En este momento, esta sección en concreto sí. Para tomarla debiste venir antes o después de ahora, pero si no te moleta el resto está disponible en este tiempo —asiento con la cabeza y me pongo un poco separado de ella.

—Alba. ¿Cuál es tu nombre, chico silencioso? —dice sin apartar la mirada de la pequeñas ondas que se forma en la superficie líquida.

No puedo evitar sorprenderme, pues me ha respondido justo antes de que pensara en preguntarle su nombre.

—Liam. Es una coincidencia que me respondieras antes de que te preguntara el nombre.

—No es una coincidencia, había la posibilidad de que eventualmente lo hicieras, solo me adelanté.

—Pero también hubiera podido no decir nada, y en ese caso…

—…hubieras quedado como una tonta —me responde sin dejarme continuar mi frase.

Me vuelvo a sorprender al completar mi frase. Entiendo que sea posible lo del nombre, pero completar exactamente igual como lo habría dicho, eso ya es más extraño.

—¿Qué sucede Liam? ¿No tienes una respuesta inteligente como con el docente?

Algo no va bien, no entiendo cómo puede saber eso. Pero algo aún más increíble me distrae, las hojas de los árboles se han detenido en su momento de descenso hacia el suelo y no es lo único, las gotas flotan en el aire negándose a caer y la gente se ha detenido, todo está en silencio.

—Me sorprende que te haya tomado tanto darte cuenta. Desde que empezamos a hablar nos encontramos en un punto estático momentáneo en el tiempo, es extraño con lo observador que eres. No intentes moverte, solo eres consiente porque te dejo, de lo contrario quedarías detenido, ajeno a todo como el resto —dice adelantándose a mi deseo de escapar.

—¿Y por qué a ti no te afecta? —digo lo más calmadamente posible.

—Así como un ser en tres dimensiones puede moverse a través del espacio, yo puedo moverme a través del tiempo sin que me afecte. La manera con la que tu cerebro logra interpretarme es solo una fracción de lo que soy, así como un ser bidimensional solo ve las puntos de unión de un ser tridimensional ¿Lo entendiste esta vez? Porque las otras doscientas explicaciones no lo lograron.

—¿Qué explicaciones? — digo incómodo. Sin el impedimento temporal, sudaría.

—Las que te dije en los otros sucesos, no te convencían. Comenzabas a gritar, mientras te desangrabas ¿No te resulta aburrido pasarte tanto tiempo pensando en las posibilidades? —Alba suspira al pensar en su propia pregunta—. No sé por qué te pregunto, dirás que no y entonces te preguntaré si habría alguna forma de no analizarlas individualmente, sino todas las posibilidades. Buenos, almenos las que tu cerebro soporte. Me dirás que sí mientras me extiendes tu mano, que empieza a oscilar entre distancias de onda de luz, proyectando colores.

Me toma un poco hasta darme cuenta de que puedo moverme, mientras Alba habla, pienso en correr. Pero tampoco sabría hacia donde, ya que no serviría de nada si realmente es quién dice que es, no habría espacio suficiente. Doy un par de pasos y siento como si la gravedad variara sobre mi cuerpo a medida que me acerco a ella.

Me cuesta el último tramo, logro tocarla y mi alrededor se vuelve oscuridad. Lentamente la oscuridad se vuelve cálida hasta volverse una explosión de colores, nos movemos los dos a través de ella, poco a poco va calmándose hasta formar algo apreciable para mí.

Veo el paisaje a través de la ventana que ahora es hexagonal, pero con decenas de reflejos a su alrededor: uno sin las montañas, otro con el bosque incendiándose, otro con una oscuridad que parece poseerle, otro con la calvicie del directos como bosque y el poco pelo que le queda como montañas y en otro no está el bosque sino mi reflejo. Es hermoso ver todas las posibilidades a la vez, cada una moviéndose en su propio tiempo, las veo mientras todo vuelve a tornarse oscuro.

—Parece que fue demasiado para tu primera oportunidad satisfactoria —me dice Alba riendo antes de desmayarme.

Y me despierto entrando de nuevo por la puerta de la clase.

—Pasa Liam. Espero que hayas aprendido tu lección —me dice el profesor. Y mientras voy hacia mi silla tambaleándome, esta vez la mayoría de las miradas están fijas en la nueva chica que hay en la clase. La miro y me sonríe, es Alba.

Tomo mi carpeta y la vuelvo a inclinar hacia el ventanal, pero Alba ocupa el espacio del alumno que tapaba parte de la visión del paisaje. Mi vista queda absorta por su sonrisa.

—¿Qué haces? —me dice el profesor enfadado como esta mañana.

—¿Qué le parece que hago? —respondo escueto, recordando lo dicho esta mañana.

—No prestar atención a lo que estoy explicando a la clase.

—Correcto y además seguir el consejo de no preguntar cosas fuera del tema. Consejo que usted debería aplicarse.

—Repite eso, mocoso. Será mejor que prestes atención de una vez.

—Disculpe a Liam profesor, aún está confundido por el desmayo —interrumpe Alba cariñosamente—. Creo que lo quería era acercar su silla hacia la mía para escuchar mejor su interesante clase.

—Puede que tengas razón Alba —dice mientras se aclara la voz y se sube el nudo de la corbata—. Esta vez te salvas de ser expulsado Liam, lo mínimo que podrías hacer es agradecérselo a tu compañera.

Asiento con la cabeza y le digo las gracias a Alba. No recuerdo desmayarme antes de entrar a la clase esta mañana, ni tampoco tener como compañera de clase a Alba. Pero sí recuerdo mi encuentro con ella al lado del lago y su revelación. Aunque puede ser por eso que mientras acerco mi pupitre, siento como si la gravedad aumentara mientras me acerco a ella.

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