Pasé unos minutos, que me parecieron horas —culpa de la morfina—, recordando viejos tiempos de cuando Dylan y yo nos conocimos. Fueron unas circunstancias muy especiales, una escena del crimen, el cadáver de una mujer y un revólver humeante en mis manos —no fui yo, por supuesto, pero lo parecía—. Él hizo lo que cualquier policía que encontrara el cadáver de su mujer junto a su posible homicida, perder los nervios y apretar el gatillo. Cuando revisó el lugar, descubrió el cuerpo inconsciente del verdadero asesino de su mujer. Yo acababa de llegar a la ciudad y mi primer día de trabajo, en atrapé al tipo que asesinó a la esposa del hombre que casi me mata disparándome a un metro de distancia, así nos hicimos amigos. Me recuperé de la herida, pero el cirujano, sin mucha maestría me temo, dejó algunos fragmentos por extraer; para cuando lo hicieron el dolor ya era crónico.

Abrí los ojos, un poco más aliviado y encontré a Dylan, esperando impaciente sentado frente a mí. Aún no había aparecido su tic en la pierna, por lo que supuse que yo llevaría entre unos cinco o diez minutos traspuesto, lo que significaba que la morfina aún iba a mantenerme debilitado un rato más. Pero ya había perdido demasiado tiempo por el dolor, puede que Enma ya estuviese más que muerta —yo ya estaba seguro—, pero podíamos perseguir a sus asesinos.

—Vamos, Dylan, reúne a los demás en el cuarto de Enma, el túnel está allí escondido.

Mi compañero sabía que seguir discutiendo era perder el tiempo. Me miró con la promesa en sus ojos de discutir conmigo más tarde, mi habitual sonrisa de vuelta crispó sus nervios, pero decidió concentrarse en avanzar el caso por ahora.

Al ir de nuevo al recibidor, me fijé bien en el pequeño rastro de polvo en las escaleras, confirmaba mis sospechas. El grandullón que atacó a Trish bajó por allí, así que el túnel estaba arriba, pero no había un segundo rastro de subida, habría sangre de la herida que le hizo mi esposa. Miré después en la puerta de entrada a la casa, observé un pequeño rastro de sangre que se mezclaba con la madera oscura de cuando vio a Trish haciéndose con el cuaderno. Fue a otra entrada del túnel de la ciudad, pero alguien se llevó a Enma. Al no haber un segundo rastro de subida o bajada, ese alguien lo hizo desde su propia habitación, sólo un rastro salía de la puerta de su cuarto de arriba, pero ninguno entraba. En ese momento llegaron Devitt y Trish bastante concentrados, se fijaban más en el rastro de tierra que en mí; por lo que Dylan no les había contado nada sobre mi pequeña incursión.

Trish decidió picar para ahorrarnos tiempo.

—¿Estás seguro Adam? ¿Un túnel subterráneo con una entrada en la segunda planta?

—Sé que suena paradójico Trish, querida, pero así es más interesante. Estoy seguro de que esta familia y la secta se conocían de antes, aunque puede que Enma esté libre de sospechas o no nos habría contratado. Por otro lado, su padre y nuestra primera víctima… Después de renunciar a una vida de trabajo continuo y estresante, no pasas al día siguiente a ser un anciano aburrido que pasa el día con su hija y mira la vida pasar por la ventana. En algún momento tuvo que buscarse un hobby, era un extravagante ricachón, y me da que se buscó uno bien extraño, el culto. Esos tipos no se andan con pormenores, y era un nuevo miembro, necesitaban un aval, su hija. Decidieron conectar el túnel al cuarto de su hija, por si una repentina traición o el arrepentimiento hacían mella en sus creencias para con el culto. De este modo la tenían a mano, y el padre ya metido hasta el cuello, no tuvo más remedio que aceptar. Al muy idiota lo asesinaron igualmente, sólo le usaron de chequera y supongo que de sacrificio en algún siniestro y estéril ritual.

Dylan parecía confundido y frustrado, casi como siempre que me escuchaba pensar en voz alta.

—Espera, espera Adam, nada de eso tiene que ver ni demuestra que el túnel esté en ese cuarto. Aún ni si quiera sé si existe de verdad un túnel o es tu imaginación.

—Ah, cierto, la existencia del túnel en este cuarto lo demuestra este rastro Dylan, y la existencia del túnel en este cuarto demuestra todo lo que acabo de decir, disculpa, me he saltado un paso lógico en la cadena.

Aún escéptico, decidió dejarme con mis pensamientos y abrir la puerta, todos entramos tras él.  La habitación era enorme, había lujosos muebles y decorados por toda la estancia, un ventana con vistas a Arkham, y una preciosa cama con cortinas, debajo de la cual salía un rastro aún más precioso de suciedad, al menos cuando lo vi confirmar todas mis sospechas me pareció hermoso. No había nada roto ni remotamente desordenado, no hubo resistencia, probablemente la drogaron, agudizando el olfato quedaban trazas de algún químico en el ambiente, sobretodo cerca de la almohada. No habían registrado el cuarto, así que no había nada que rebuscar. Me di cuenta de que mis compañeros estaban de brazos cruzados, observándome con clara desconfianza en sus rostros, decidí dejar de perder el tiempo. Cogí la cama del lado izquierdo, y con la ayuda de Dylan la empotramos contra la puerta, de ese modo si alguien venía tendríamos alarma. El suelo estaba enmoquetado y liso, el polvo se colaba por algunas fisuras, busqué el inicio de ese corte, me llevé en mis manos una parte de la moqueta ligeramente más pequeña que la cama. Quedando al descubierto una trampilla mugrienta y mal cuidada, custodiada con un gran candado. Una vez Dylan dijo que mi sonrisa de satisfacción al acertar, era la cosa más molesta que había visto en su vida, aquella noche debió de producirle una hernia.

—Vaya, una trampilla, ¿adónde llevará Dylan?, ¿a un túnel quizá? Hágame un favor y encárguese de ese candado comisario, el trabajo físico es lo suyo.

Devitt, no sin antes gruñir de asombro, me hizo caso y comenzó a forzar el cerrojo, pronto se cansaría de intentarlo y le pegaría un tiro. Trish estaba tan satisfecha como yo, a esas alturas era capaz de decírmelo con la mirada: “Buen trabajo”. Por otro lado mi compañero y amigo aún no terminaba de creérselo, no dejaba de mirar la trampilla como si fuese pintura en el suelo, me encantaba cuando no me creía ni teniendo delante las pruebas. Un clic metálico nos hizo taparnos los oídos, el consiguiente disparo dejó la trampilla abierta, descubriendo unas escaleras de caracol mal construidas. Era angosto y claustrofóbico, pues lo sujetaban las paredes con apenas espacios huecos, la casa se habría derrumbado si no fuese así. Me sorprendió de verdad el nivel de arquitectura de aquel pasadizo, no cualquiera puede hacer eso sin cargarse la estructura de una casa tan grande.

Caminábamos con cuidado, pero la piedra era maciza, no hubo ni un susto, además del poco espacio que quedaba para caerse. Dylan y Devitt alumbraban con sus pequeñas lámparas de aceite, las prendieron con cerillas, juzgando el olor, Devitt había vuelto a fumar sin duda. Tras unos segundos estábamos en el subsuelo, se notaba por el eco, sin embargo descendimos otro medio minuto más, un túnel realmente profundo, la garganta de la ciudad, infectada por un virus muy nocivo me temía. Por fin hallamos una pequeña puerta improvisada, la madera estaba algo podrida y húmeda, como era de esperar por la profundidad en la que se encontraba. Un pequeño empujón bastó para abrirla.

Ante nosotros se abrió un inmenso pasillo en dos direcciones, la oscuridad era tan densa que parecía arrastrarse hacia nosotros, buscando luces que extinguir, no se discernían el final ni el principio de aquel corredor. Sin duda esto formaba parte de un antiguo recorrido de las cloacas de Arkham, una vía que se dejó de usar por algún motivo y que esta organización había modificado a su gusto para perpetrar crímenes en un perfil bajo.

En aquel momento me pareció fascinante e inteligente, cuántas personas desaparecidas, cuántos misterios sin resolver, de cuantas cosas habían sido culpables sin que nadie les hubiese olido hasta ahora. A partir de ese instante el caso se convirtió en un reto, un desafío personal; ellos contra mí y mis camaradas, una lucha de intelectos, una que no podría ganar, pero aunque aún me era imposible saberlo, pronto sería muy consciente de ello.

Teníamos que avanzar, pero ¿hacia dónde? Parados no hacíamos nada más que sugestionarnos. Entonces un fuerte hedor vino a mí, el aire de los huecos lo trajo hacia nosotros por el camino de la izquierda, un olor familiar a carne quemada, aislando esa peste de las demás estaba claro, era el mismo que el de la primera escena del crimen, y eso sólo podía significar una cosa.

—Dylan, apártate un momento de tu lámpara y agudiza el olfato, tú también reconoces ese olor, es igual que el de la casa ¿verdad?

Mi compañero hizo lo que le pedí, y eso cambió su expresión. La preocupación nacía en la inclinación de sus cejas, conocía bien ese gesto y al igual que Trish, sacó su arma por reflejo, Devitt le siguió. Yo no llevaba arma, no se me daban bien, pero empezaba a echarla de menos.

 Una vez en guardia, seguimos metiéndonos más y más en la boca del lobo. Parecía más bien la inmensa garganta de una serpiente, con aquella oscuridad y una estructura tan rudimentaria e inmensa, daba la sensación de que se movía, que se arrastraba por el subsuelo de Arkham, como si al usar dos veces la misma escalera acabases en distintos puntos de la ciudad. Oí el eco de la lluvia, mucho más arriba, el diluvio aún no había cesado, aunque aquí todo estaba húmedo. Había una suciedad imperante, costaba distinguir entre lo que era simple basura y un rastro relativamente reciente, discernirlo totalmente habría llevado horas, decidimos seguir el olor, cada vez más intenso, llenando nuestros pulmones con el presagio de una muerte horrible. Una luz comenzó a colarse entre las bifurcaciones del túnel, seguimos la que parecía más intensa y apagamos nuestras lámparas, por precaución, aunque me suponía que sabían que les seguíamos. Incluso con el tiempo que hemos estado en la casa, aún andaban aquí, nos estaban esperando, no eran tan idiotas para entretenerse con el asesinato de Enma en pleno túnel, no sabiendo que podíamos dar con ellos. Aquello era una trampa o un encuentro preparado con algún objetivo en concreto, no me gustaban ninguna de las dos opciones, pero no había más si queríamos saber sus intenciones.

La luz venía de una esquina a unos escasos metros, agazapados en ella comenzamos a vislumbrar el dantesco espectáculo que nos habían dejado sin duda alguna a modo de advertencia. El corredor seguía más adelante, en el centro había dos bifurcaciones hacia izquierda y derecha, una gran verja metálica por cada salida, abiertas por ahora, olía a emboscada.

Una vez más, querido —a estas alturas— lector, me centro en lo banal, lo fácil de describir, aunque la disposición del lugar era interesante para lo que ocurrió después, en el centro de esas tres salidas, justo frente a nosotros, había un horror inmensamente difícil de describir, pues eso hace recordar, y recordar me hace admitir que no fueron pesadillas. Si en la primera escena del crimen le dije que la extinción de mi cordura había comenzado sin yo saberlo, por orgullo sin duda, esta vez supe de inmediato que jamás olvidaría ese caso, si es que salía de él, logro que aún no he realizado. A medida que asimilábamos lo que teníamos delante, nuestras nociones de lo humano y lo real empezaban a difuminarse. La fascinación y el terror que sentía empezaron a entremezclarse, ambas aumentaban el dolor de mi abdomen, empezaba a necesitar seriamente una dosis de morfina, y aunque sabía que era demasiado pronto, aquello me estaba consumiendo, y mientras ése dolor recorría todo mi cuerpo, no podía parar de observar aquella infame escena. La describiré como me deje el escaso raciocinio del que ahora dispongo, aunque quizás estar cuerdo no sea una característica precisamente indicada para trasmitirles esto con la mayor precisión.

Se trataba del cuerpo de Enma, se nos estaba mostrando empalado y ardiendo sobre una gran  abertura en el suelo, llena de cera roja —el color muy probablemente debido a la sangre—, parecía una pequeña piscina sanguinolenta, una gran vela cuya mecha era el cadáver de nuestra clienta. El fuego derretía y transformaba en líquido aquella sustancia que parecía cobrar vida, adhiriéndose a los pies hundidos de Enma. Sin embargo, no conforme con estar en tenerla hundida, subía por su cuerpo, creando retorcidas formas y tentáculos a su alrededor hasta cubrirla por completo y extinguir entonces el fuego que tostaba su cadáver. En lugar de resbalarse por ella, la cera se endureció rápidamente, creando un sarcófago que conservaba dentro la cáscara sin vida de la señorita, como un siniestro espantapájaros. Sin embargo, por algún arte oscuro y arcano, el resto de la piscina, de la cera, comenzó a arder en una suerte de combustión instantánea, y derritió la nueva tumba de Enma, como si no hubiese un cuerpo dentro, se mezcló como  una masa informe con el resto de la ardiente sustancia. Finalmente sólo quedó la piscina de cera roja en llamas, sin el palo que la sujetaba, sin su cuerpo, desaparecidos como en un espectáculo barato de magia, pero sin una explicación igual de barata. Y entonces el mago hizo acto de presencia.

De una esquina oscura —no reparamos en él debido a nuestra entera atención a lo obvio— salió caminando un hombre inmenso, ataviado en una singular túnica roja, con adornos amarillos, era calvo, tuerto, y una poblada barba le llegaba hasta el pecho, sus ojos denotaban una rabia fuera de lo común. Se quedó quieto, al otro lado de la obertura, observándonos. Rompió el embrujo con una voz grave y profunda.

—Podéis llamarme Alastor, soy el  líder de las tres puntas del pecado, nuestra organización. Quede lo presenciado a modo de advertencia. No interfieran o irán directos a un destino mucho peor que la muerte o la derrota.

Se hizo el silencio.

Anuncios

2 comentarios en “Corazón de Arkham – Capítulo 4. Horror imperante

¡Nos encantaría que comentaras tus impresiones sobre el relato!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s