—¿Puede volver a decirme el nombre de esa bestia? —preguntó, ya que a pesar de sus innumerables viajes jamás había escuchado tal nombre.

—Brraskilor —respondió el guerrero montado en la parte trasera del carruaje— una extraña criatura de tiempos muy anteriores a los nuestros, tiempos que si no hubiesen sido guardados en los Volúmenes de las bestias de Qüar jamás sabría a qué me voy a enfrentar incluso aunque lo viese con mis propios ojos.

—¿Qüar? —preguntó todavía más extrañado y anonadado— ése reino desapareció hace más de 600 años por no decir de que está a más de tres meses de viaje a caballo.

—¡Vaya! Es usted mucho más sabio que la gente del lugar, normalmente la gente de Renavé se centra sólo en trabajar, beber y follarse a una ramera sin pagar mucho —Verrick sacó su espada y se puso a limpiarla con un paño que estaba cubierto de un líquido de color amarillo, mientras se reía pensando en lo que iba a decir a continuación— haciendo que la única cultura que tengan sea la de si un tomate está sano o si una moneda de latón no es de madera.

—Tiene usted razón caballero Verrick, y no voy a negar que durante una época yo fuese así, pero con el paso del tiempo he llevado en este humilde transporte a muchos sabios, doncellas, caballeros, aprendices y más personalidades, incluso puede que una princesa huyendo de un matrimonio pactado. Gente que venía de lugares muy lejanos y con una gran sabiduría que no dudaban en compartir con un simple transportista como yo, aunque algunos con sólo con decir buenos días ya bastaba para que me contasen sus historias —rio el anciano transportista mientras invitaba a Verrick a hacerlo también— aunque he de decir que esta situación, aunque no nos exime de culpa viene en parte de la gran pobreza que asola estas tierras desde la guerra del rey Mantineth contra su sobrino Naruth.

Verrick guardó su arma, se quedó pensando unos segundos y posteriormente giró su cabeza en dirección al anciano y le contestó de una forma más seria.

—Entonces he de disculparme ante usted anciano, he menospreciado la inteligencia de sus compatriotas sin contemplar la idea de que la situación de hace 70 años provocó muchos daños aquí que no han sido reparados por nuestro actual rey.

—No hace falta que se disculpe joven, la vida es así y no va a cambiar a no ser que mi pueblo quiera.

La ancha carretera estaba rodeada de árboles tan grandes y frondosos que casi no dejaban traspasar la luz excepto por el camino, el cual estaba poco a poco sufriendo los efectos del anochecer. La niebla apareció en un suspiro junto al ulular de los búhos y en ese momento el carruaje se paró para pasar la noche hasta que amaneciese.

Verrick comprendía los peligros de continuar durante la noche, pero dentro de él no podía evitar estar molesto por esas horas perdidas que no le acercaban a su presa.

—Todavía no le he preguntado por su nombre buen hombre, ¿podría decírmelo si no es molestia? —preguntó mientras bajaba unas sucias telas ayudando al anciano.

—Haneb Nomerano, crecido en el Valle FuenteMusgosa, criado en mi casa y educado en estas carreteras tan amigables por el día y tan peligrosas por la noche —decía mientras sacaba unas linternas de papel de una bolsa que tenía al lado suyo.

—¿Y es tan peligrosa esta zona que es necesario iluminar donde descansaremos toda la noche? ¿Los Kagh son tan abundantes en esta zona?

—No sólo son abundantes joven guerrero, sino que son tan poderosos que, aunque estemos protegidos podrán meterse en nuestra mente para molestarnos, simplemente ignore lo que digan y no le pasara nada.

Tras terminar de iluminar la zona encendieron una fogata ya construida previamente y se sentaron en unas piedras que en conjunto formaban una zona medianamente acogedora que permitía a los viajeros descansar en caso de parar ahí. Verrick y Haneb cocinaron de buena manera un cordero comprado en la villa poco antes de comenzar el transporte, gracias a los conocimientos culinarios del anciano. Estaban los dos juntos y se notaba un gran contraste entre ellos, por una parte, un guerrero de gran altura, de treinta años portando una armadura un poco gastada que relucía aún más gracias al buen porte del hombre y todo frente a un anciano de cincuenta y nueve años con un cuerpo encorvado y un poco huesudo vestido por telas rotas.

—Y en aquellos libros estaba escrito como vencer a ese bicho llamado… llamado… ¿cómo se llamaba? —preguntó Haneb sin previo aviso mientras se comía una pata.

—Brraskilor, se llama Brraskilor, y tristemente no —Verrick se quitó un trozo de carne de entre los dientes con los dedos— sólo hay una breve descripción que dice “Grande como una catapulta, pero veloz como un lobo, parecido a un gusano, pero con escamas y patas de fénix, lanza lodo por la boca y su delicado apetito tiende a defecar huesos de hombres” aunque todo puede haber sido idealizado y sacado de contexto por el boca a boca antes de llegar a los sabios de la época.

—Así que no sabes cómo vencerlo y ni siquiera sabes si lo que hay escrito es cierto—comentó el anciano con aire bromista.

—Ciertamente, aunque espero que con mi espada… ¡Aaahg! —De repente, una idea se le había pasado por la mente junto a una horrorosa imagen de sí mismo descuartizado— ¿Qué.. ¿¡Qué ha ocurrido!?

—No te preocupes Verrick, sólo pueden … hacer eso, ignórales —También Haneb, acostumbrado, no podía evitar sufrir— dentro de unas horas todo pasará.

—El joven Guerrero ya más tranquilizado arrancó la última pata que quedaba del cordero y continúo cenando— ¿Cómo podéis hacer esto todos los días?

—Muy sencillo, dinero —respondió— pero tras muchos viajes he aprendido a ver la belleza del mundo esta ruta de mala muerte además de tener el mejor remedio para las visiones… ¡cerveza de miel de Villaremojo! —dijo sacando un barrilete del carro.

—¡Qué sed me acaba de entrar! —gritó Verrick al escuchar tal nombre— ¿cómo se le ha ocurrido ocultarla hasta ahora?

— ¡Tome!¡Tome! Tengo de sobra, no puedo permitir que unos pocos Kagh ensucien una gran noche.

Bebieron durante un buen rato y poco a poco las formalidades se fueron perdiendo. Continuaron hablando de historias pasadas, comida y por supuesto de cerveza.

—Gracias a los tres grandes por hacer que se le rompiese a mi caballo una pierna y poder disfrutar de tan agradable compañía —una voz le susurró “perdedor” pero gracias al alcohol fue casi imperceptible.

—Debo de dar gracias yo, no sólo gano unas pocas monedas, sino que —Susurros le llamaban “mentiroso”, pero el alcohol había hecho su trabajo en Haneb y ya no le importaba —he conocido a Verrick Galinard, el mejor Guerrero de la zona sur y el más valiente seguro.

Haneb se comió el último ojo que quedaba del delicioso cordero que habían preparado.

—Pero lo que estoy contando siempre suele ser un poco verdad y un poco mentira —dijo Verrick mientras reía— aunque usted ya sabe cómo funcionan estas historias.

—Una historia con un poco de mentiras siempre queda mejor.

—Pues como decía ya mucho antes —dijo Verrick cambiando de tema— creo que con mi espada bañada con un veneno que mataría a mil hombres bastará para darle muerte a esa bestia.

—¡Como para no hacerlo! —exclamó— si no lo hace esa espada no lo hará nada.

— ¿Una catapulta lanzando una bola de fuego tal vez? —respondió— ¿o una lluvia de mil espadas venenosas?

—Verrick, usted debería de ser ya comandante, o general con esas ideas —dijo Haneb afirmando en tono bromista.

—Me ve mi rey así y mañana sería decapitado.

—¿En un viaje para traer gloria a su castillo y no permite un poco de diversión? Qué estúpido —Poco a poco el ambiente había dejado de ser tan tétrico para volverse tan cálido y apacible como una taberna— tendría que tener a su servicio un ejército no de hombres, sino de doncellas que no le dejasen dormir hasta que le ordeñaran ¡cual vaca lechera!

—¡Exacto! —afirmó— espero que con esta hazaña me den algo mejor que a un simple guerrero de rango medio.

La cerveza había alegrado el ambiente y quitado las visiones haciendo que Verrick no notase como el anciano se acercaba más y más a el hasta que estaban ya pegados, entonces Haneb empezó a frotar su mano con la pierna de su camarada con suavidad. Verrick en ese momento se dio cuenta de la intención que traía su nuevo amigo, pero en vez de apartarlo, algo en él quería continuar y explorar cosas nuevas a pesar de que jamás se lo había planteado e incluso en otras situaciones se habría negado. Al paso de cada momento se sentía más receptivo y como una doncella recién casada, se dejó besar y a los pocos segundos estaban los dos en el césped uno encima del otro, el calor de la hoguera parecía aumentar y Haneb le manoseaba todo el cuerpo y él dejó su pasividad para seguir el ritmo del momento. No se decían ni una palabra y tampoco la necesitaban y tras unos momentos sólo se oyeron gritos de placer que duraron hasta que la oscura noche se volvió naranja mostrando los dos soles que aparecían del este.

Verrick abrió los ojos y vio que era mediodía, pero no le importaba, estaba boca arriba en la tierra exhausto, completamente desnudo y abierto de piernas y brazos, la prisa del día anterior había desaparecido completamente. Haneb ya estaba vestido y listo para el viaje actuando como si no pasase nada, pero el joven estaba pensando en innumerables cosas que le impedían siquiera hablar. Se vistió lentamente, se montó en el carruaje y durante el resto del viaje no habló a pesar de los intentos del anciano.

—¿Y os espera alguien en vuestro castillo?

Pero no respondía.

—¿Cuánto os darán cuando venzáis al Brraskilor?

Tampoco respondió.

—¿Queréis algo de alimento?

Seguía sin responder.

Sólo respondió a una pregunta y en ese momento Verrick reunió todas sus fuerzas e intentó concentrarse en sólo un pensamiento.

—Faltan cinco minutos para llegar.

—Estoy listo —respondió sin mucha convicción mientras volvía a limpiar su espada con aquel liquido amarillo.

Los arboles empezaban a desaparecer de los lados y por fin se vio a lo lejos un valle y en lo más bajo se apreciaba el castillo de Ganamor, la última construcción de piedra que había sobrevivido a la decadencia de Renavé. Aunque algo extraño pasaba, desde la lejanía no se veían guardias defendiendo el castillo.

Cuando llegaron al interior de la fortaleza bajaron del carruaje un poco extrañados y el joven se dirigió al que parecía ser el capitán.

—Buenas tardes mi señor, soy Verrick Galinard, me han enviado para derrotar al Brraskilor en nombre del Gran Duque Aslutor de Kineria, que es desde donde procedo —comentó mientras intentaba mantener inútilmente su compostura— ¿sabéis dónde está el refugio de la bestia?

—Tristemente para usted el Brraskilor fue derrotado por el caballero imperial Aslegor el Grande, ¡en un épico combate que duró un día entero! —le indicó orgulloso a pesar de no ser su hazaña— pero recibimos noticias de su llegada y no podemos permitir que se vaya con el honor manchado, contaremos que usted participó en la victoria y le otorgaremos una pequeña recompensa, esperábamos que le satisficiera a pesar que los infortunios de su viaje no le hayan podido traer aquí a tiempo.

De una forma o de otra Verrick se sentía aliviado, no se encontraba en buena forma y deseaba volver a su hogar, recogió su recompensa, se montó en el carruaje y se preparó mentalmente para el viaje de vuelta.

—¿No desea primero cenar y partir al amanecer caballero? —le preguntó el capitán— El viaje parece haberle dejado exhausto.

—Sólo me sentiré bien cuando vuelva a mi hogar, gracias.

—Que así sea —finalizo.

Iniciaba el camino de vuelta y el contraste respecto a la ida era muy notorio, un guerrero aparentemente derrotado sin necesidad de batalla y un anciano humilde que se había rendido a entablar conversación con su pasajero. La confianza desapareció tan rápido como se ganó y el viaje pintaba pesado y aburrido, algo que hizo cambiar la actitud de Haneb.

El paisaje volvió a ser el mismo, árboles frondosos rodeando a una carretera de piedras destruidas y cuando el valle quedó a más de media hora de distancia, Haneb habló.

—Parece que no vas a cambiar —se montó en la parte trasera tras dejar a los caballos en una línea recta— es una pena, quería divertirme más pero no veo que la situación mejore.

—¿Eh? ¿Qué? —Verrick estaba medio dormido.

Haneb cogió la espada cubierta de veneno que estaba desprotegida y sin que tuviese tiempo de reacción, Verrick fue decapitado. En ese momento los caballos pararon en seco como si leyesen el pensamiento de su dueño.

El viejo transportista envainó la espada y bajó el cuerpo del Guerrero con dificultad, por suerte su poca fuerza también resultó buena ya que la decapitación no fue total y la cabeza continuaba pegada al cuerpo por un pequeño pellejo de piel y tendones. Alejó el cuerpo de la carretera con la seguridad de que por la noche los Kagh no dejarían rastro. Limpió la sangre y continuo su trayecto.

—¡Ja, ¡Ja, Ja! —Haneb no paraba de reír, gritar e incluso bailar con la parte superior de su cuerpo mientras manejaba a sus caballos— ha sido un buen viaje, he aprendido; he ganado dinero; he matado a un Guerrero y lo más importante … ¡Le he roto su culo! ¡Ja, Ja, Ja! Meter drogas en la cerveza nunca falla —Contaba para sí mismo— y encima me llevo su botín … ¡Esto es la gloria!

Se paró un rato pensativo escudriñando el cielo.

—Lo más importante ahora es… ¿Quién será el siguiente? —meditó— éso sólo el tiempo lo dirá…

El viaje para Verrick había acabado con su vida, todo por haber elegido la gloria en vez de esperar a que su caballo fuese curado. Ahora servirá de alimento de los Kagh y su gloria pronto será olvidada a través del paso del tiempo.

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